¿Cómo terminar nuestra guerra?*

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Este artículo investiga los mecanismos posibles para terminar con el conflicto armado en Colombia. Para obtener la información necesaria, el investigador principal y los estudiantes recurrieron a fuentes primarias y secundarias: entrevistas y documentos. En esta investigación se utilizaron tres métodos: el descriptivo, el histórico y el analítico-deductivo. Las conclusiones más importantes a las que se llegó fueron: 1ª. En Colombia sí existe un conflicto. 2ª. El primer paso para  terminar con el conflicto es reconocer su existencia, no negarlo, ni ocultarlo ni minimizarlo. 3ª. Antes de iniciar conversaciones  con la insurgencia, quines representan los distintos intereses del establecimiento deben ponerse de acuerdo en qué van a negociar con la guerrilla.  4ª. En relación con los temas de negociación, debe partirse de la "agenda común" acordada entre  Pastrana y las Farc.

ABSTRACT

KEY WORDS

1. PROBLEMA

*Artículo de la investigación terminada Los males de la guerra. Colombia 1988-2008, que adelantó el grupo Hombre, Sociedad y Estado, reconocido y categorizado por Colciencias. El grupo desarrolla la Línea de Investigación Teoría política y constitucional, y está adscrito al Centro de Investigaciones Sociojurídicas de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, entidad que financió el proyecto.

**Doctor en Derecho por la Universidad de Zaragoza, España, abogado especializado en Derecho Administrativo en la Universidad Libre, Director del Centro de Investigaciones Sociojurídicas de la Universidad Libre, Sede Principal.

El conflicto armado interno de Colombia es tan inocultable que se internacionalizó, como quedó demostrado en otro artículo[1], y como lo ratifican los hechos de  la coyuntura de la geopolítica latinoamericana. Con base en esa realidad, se pretende responder la misma pregunta del encabezamiento de este artículo: ¿cómo terminar nuestra guerra?

2. METODOLOGÍA

En esta investigación se combinaron varios métodos, aunque los tres básicos fueron: el descriptivo, el histórico y el analítico-deductivo. El descriptivo fue de gran utilidad  para la narración de los conceptos expresados por los entrevistados. Mediante el histórico se pudieron ubicar los momentos de la mayor crisis que haya soportado el principal movimiento guerrillero -las Farc-. El método analítico-deductivo fue determinante para examinar las fuentes primarias y secundarias de esta investigación.    

3. CONTENIDO

Introducción

La pregunta que formulamos como problema, Perogrullo contestaría, así, sin vacilación: primero que todo, reconociendo que existe un conflicto armado en Colombia. Es lo mismo que haría el oncólogo honrado que tiene, en la sala de cirugía, a un paciente invadido por un cáncer, según lo indican todos los exámenes previos. Comprobado el cáncer, si el cirujano negara su existencia incurriría en tres conductas perversas y criminales: desconocer la evidencia, propiciar de manera inmediata la muerte del paciente y faltar a la moral y a la ética  profesional.

Mirando el contexto universal abogamos por una sociedad cuyos diversos componentes se mantengan en convivencia pacífica,  sin armas y sin ejércitos. Pero ¿qué tratamiento darle a la sociedad colombiana contemporánea?  ¿Cómo hacemos para terminar nuestra guerra, si esta ha llegado al clímax de su radicalismo y degradación? De acuerdo con las fuentes consultadas y referenciadas en esta investigación, no encontramos un conflicto interno donde se hayan pisoteado tanto la dignidad humana y se haya envilecido tanto al contendiente hasta llegar a su negación, su exclusión y su  desapareción. El Estado no sólo compite con los delincuentes sino que también los desborda premiando sus crímenes, su felonía y su  traición con multimillonarias sumas del presupuesto oficial. En efecto, los voceros del Estado hacen ingentes esfuerzos, "una gestión intelectual acuciosa"[2], para negar la evidencia de un conflicto armado inocultable. Negada la existencia del conflicto, los responsables de resolverlo se sienten con la conciencia tranquila para decir que aquí no existe guerra alguna sino una democracia y unos bandidos que la atacan. Y, partiendo de esas dos premisas, concluyen que hay que perseguir al criminal, y en ese  propósito no disimulan el odio, la venganza, la humillación y la vendetta.

En ese marco de tensiones y odios entre los distintos segmentos  de la sociedad colombiana, este trabajo es el último punto de la investigación Los males de la guerra. Colombia 1988-2008, cuyo proyecto está terminado y en proceso de publicación en un libro. Este artículo se desarrolla en tres puntos, que obedecen a la dialéctica de la guerra: su existencia, su profundización y su culminación.

3. CONTENIDO

3.1. Existencia del conflicto

Un estudio realizado por la Universidad de Uppsala (Suecia) registra 111 conflictos armados en el mundo entre 1980 y 2000, de los cuales 104 eran internos y, de éstos, sólo uno considerado de "gran magnitud" en todo el continente americano: el de Colombia. Ese mismo estudio clasifica los conflictos internos en cuatro grupos: "conflicto armado menor", cuando hay por lo menos veinticinco   muertos en combate en el año; "conflicto armado intermedio", entre veinticinco y menos de mil muertos por año; "guerra civil", por lo menos mil muertos en combate al año, y,  "conflicto armado mayor", un acumulado de más de mil muertos en combate pero menos de mil por año[3]. Como trabajo de campo en la investigación Los males de la guerra. Colombia 1988-2008 formulé -como trabajo de campo- a los entrevistados entre otras, la siguiente pregunta: "De acuerdo con el estudio de la Universidad de Uppsala, y, teniendo en cuenta que en nuestro país el promedio de muertes en combate por año entre 1989 y 1999 fue de cuatro mil[4], y últimamente, de 2.895[5],  ¿hay o no un  conflicto armado interno en Colombia?[6]. El cien por ciento de los entrevistados reconoció la existencia de un conflicto armado interno, como se puede observar en los párrafos que sintetizo a continuación.

El padre Joaquín Emilio Sánchez, rector de la Universidad Javeriana, dijo: "De acuerdo con los criterios  de la Universidad de Uppsala, sería una guerra civil, puesto que traspasa el umbral de muertos"[7]. En relación con las fuentes de nuestra guerra, señaló: "Su origen se remonta a la violencia de la década del cincuenta, aunque su fase más reciente puede rastrearse a la polarización de la Guerra Fría"[8].

Carlos Villamil Chaux, experto en historia del problema agrario colombiano contestó, así: "Yo creería que en Colombia, tenemos desde hace muchos años un ‘Conflicto Interno Mayor', que se inició por razones económicas y políticas justas"[9]. En relación con su origen dijo: "Sus causas fueron justas ningún gobierno las quiso o las pudo entender, se llegó a un conflicto armando de grandes proporciones y la intrusión de la droga lo desnaturalizó, lo alejó de la población  y lo corrompió"[10].

El periodista Carlos Lozano, señaló: "En Colombia si hay conflicto cuyo origen se remonta a mediados del siglo pasado. Sus causas son políticas, económicas, sociales, históricas y culturales"[11]. Vincula el origen del conflicto a los problemas agrarios: "A mediados del siglo pasado, en Colombia los latifundistas se negaron a la reforma agraria e impidieron la lucha popular por la tierra mediante la violencia ejercida por grupos paramilitares de la época, que recibían los nombres de ‘pájaros', ‘chulavitas', entre otros. Las organizaciones agrarias organizaron la resistencia armada campesina para enfrentar la violencia de los latifundistas, respaldada por el Estado dominante"[12].

Uno de los oficiales del Ejército que intervino en la llamada "Operación Marquetalia", y hoy coronel retirado, Augusto Pradilla contestó, así: "Si hay conflicto armado. Su origen tiene varios puntos de partida. La mala distribución de la tierra que siempre ha generado desigualdad económica; la falta de empleo para una población que no tiene otro camino diferente que el ofrecido por los grupos subversivos"[13]. También agrega otra causa del conflicto: "Los malos procedimientos de las autoridades quienes en vez de buscar acercamiento del pueblo, generan odio y resentimiento, que benefician siempre a los cuerpos irregulares en contra de la fuerza publica"[14].

El Secretario General del Polo Democrático Alternativo, Carlos Bula, dijo: "Por supuesto que existe un conflicto armando en Colombia. Su origen fue la instauración de las dictaduras conservadoras en Colombia"[15]. Después de atribuirle al Frente Nacional parte del origen de nuestro conflito, agregó: "En síntesis, la violencia en Colombia tiene origen en la instauración de la antidemocracia en el marco de un país azotado por al pobreza y la indigencia"[16].

Jaime Caicedo, Secretario General del Partido Comunista, señaló: "Existe un conflicto que tiene las características de una guerra civil sui generis, un conflicto histórico. Me atrevo a decir que sus causas son estructurales desde el punto de vista social y cultural. No son banalidades las que sustentan una situación que se prolonga por más de medio siglo"[17].  Incluye entre las causas el enfrentamiento que existe entre Estados Unidos y Latinoamérica: "Desde el punto de vista histórico y político, sus causas son geopolíticas y tienen sus raíces en un contexto imperialista y en las relaciones contradictorias de los Estados Unidos con América Latina"[18].

El ex Subdirector del Departamento de Planeación y profesor investigador, Diego Otero, respondió, así: "Sí hay conflicto armado   porque hay una confrontación entre fuerzas del Estado contra otras fuerzas que buscan reemplazarlo"[19]. Y agrega que "el conflicto colombiano se califica en la literatura como Conflicto de Baja Intensidad (Low Intensity Conflict), definido como   una lucha político-militar para obtener objetivos políticos, militares, económicos y sicológicos"[20].

Miguel Arturo Fajardo, ex Rector de la Universidad de San Gil y Director del Centro de Investigaciones de la misma, dijo: "El conflicto armado en Colombia es un hecho innegable"[21]. Fundamenta su argumento en el número de combatientes y en las acciones del Estado: "El número de combatientes muertos, la cantidad de gente desplazada, los asesinatos por cuenta de organismos del estado son muestra fehaciente del estado de conflicto armado que vive el país"[22].

El Director del Programa Paz de la Universidad Pedagógica, Alonso Ojeda Abad, se pronunció, en relación con nuestra guerra se pronunció, así: "Indiscutiblemente el país vive un conflicto político y social armado, desde las décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. La primera expresión política se da a través de los duros enfrentamientos vividos en el país, antes y después del asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán"[23].  Su origen lo encuentra Ojeda Abad, en la injusticia social: "El largo proceso de despojo de tierras a pequeñas comunidades campesinas, indígenas y afro-descendientes es el eje o eslabón del desequilibrio social. Estas tierras, inicialmente, de campesinos que extienden la frontera agrícola por la presión de violencia de terratenientes y latifundistas, terminando la tierra en manos de estos últimos"[24].

Wilson Peña Meléndez, Director del Grupo Sociedad y Conflicto, adscrito al Centro de Investigaciones de la Universidad Libre, dijo: "En Colombia sí existe un conflicto armado interno. Podemos observar que según la clasificación que hace la universidad de Uppsala el promedio de muertes en combate por año en Colombia excede el rango de la categoría ‘conflicto armado mayor' es decir [...], la categoría mayor establecida queda superada"[25].  Peña Meléndez y sus auxiliares de investigación van más allá: "Calificaríamos la guerra colombiana en ‘conflicto armado extremo', ya que los indicadores muestran los altos índices de homicidios, desaparecimientos, desplazamientos y miles de consecuencias mas que genera una guerra"[26].

Finalmente, monseñor Jaime Prieto Amaya, Obispo de Cúcuta, no me concedió la entrevista por carecer de tiempo, según él, debido a que "la profundidad de las preguntas exige lógicamente respuestas bien elaboradas de mi parte". Sin embargo, de manera expresa acepta la existencia de un conflicto armado: "Estoy seguro que este trabajo investigativo será un recurso básico muy valioso para quienes estamos comprometidos en la resolución de este conflicto armado tan doloroso para todo el pueblo colombiano"[27].

3.2. Profundización de la guerra

Establecido que en Colombia existe un conflicto armado, formulé a los entrevistados esta otra pregunta: ¿Se puede lograr un acuerdo de paz duradera o vamos hacia la profundización de la guerra? Las respuestas se sintetizan en los párrafos siguientes.

El padre Joaquín Emilio Sánchez, dijo: "Sí hay posiciones neutrales y muchos sectores están trabajando para reducir la polarización. Encuestas recientes también muestran que sigue habiendo en la sociedad una posición favorable a buscar salidas negociadas[28].

El ingeniero Carlos Villamil Chaux respondió, así: "He tratado de describir la coyuntura como una propicia para la paz. Lamentablemente no puedo asegurar que la sociedad esté madura para lograrla, pero si no es ahora, no será nunca"[29].

Carlos Lozano, escritor y periodista, señaló: "Hay que desarmar los espíritus y entender que los antagonismos ideológicos se pueden resolver por la vía democrática y a favor de quien gana la conciencia de las masas"[30].

El coronel retirado Augusto Pradilla dijo: "En Colombia no hay posiciones neutrales, sino un clima de polarización y radicalización. Si hay posiciones neutrales frente al tema, la Iglesia se ha manifestado en esta medida. Varios militares han ofrecido soluciones claras, pero los neutrales no tienen peso  conceptual ante la sociedad"[31].

El político de izquierda Carlos Bula, se pronunció así: "No estoy de acuerdo con ninguna posición neutral. La sociedad civil colombiana y la izquierda democrática deben comprometerse con una posición distinta de paz y diferente a la del Estado y a la de la insurgencia"[32].

Monseñor Leonardo Gómez Serna, dijo: "Precisamente por la polarización y radicalización no se ha podido tener un acuerdo de paz verdadero. Son muchos los intereses que rondan a uno u otro actor armado del conflicto sea legal o ilegal. Siendo así cada día se profundiza más la guerra, se degrada más y la distancia entre ricos y pobres se acrecienta. Se desestabilizan las instituciones y la economía día a día va en detrimento"[33].

El investigador Diego Otero: "Hay una fuerte polarización  en la sociedad, pero más por el lado de los promotores de la guerra  que han penetrado en la conciencia de los colombianos, que les han imbuido la idea  que la solución es la guerra y que el diálogo y la negociación no llevan a ninguna parte"[34].

El sociólogo Miguel Arturo Fajardo, señaló: "Las posiciones radicales no ayudan en el tratamiento del conflicto. Se requiere capacidad para reconocer los derechos de todos.  En Colombia los gobiernos han representado y representan los intereses de los más ricos y poderosos y son intransigentes e insensibles frente a los intereses y necesidades de los excluidos"[35].

El médico Alonso Ojeda Awad, dijo: "No podemos negar que hay niveles muy altos de pugnacidad en la sociedad colombiana, pero debemos trabajar por hacer descender estos niveles de intolerancia y trabajar por la construcción de una cultura de paz y convivencia que permita cerrarle el camino a la guerra y comenzar la construcción de una sociedad en reconciliación y en paz para beneficio de todos sus hijos"[36].

El investigador Wilson Peña, contestó así: "En este momento debido a la radicalización de las posiciones respecto del conflicto armado se va directo a la profundización del mismo gracias a la restricción de la posibilidad de tener incidencia directa en la formulación e implementación de soluciones efectivas originadas en otros sectores distintos a los mismos actores del conflicto"[37].

Entre quienes reconocen la realidad del conflicto armado interno, hay dos corrientes de opinión: un sector de analistas y políticos sostienen la teoría clásica de la guerra, la que   elaboró Clausewizt: debilitar al enemigo, hasta obligarlo a desistir de la guerra, es decir a rendirse. "Abatir al adversario -dice- e incapacitarlo para que no pueda proseguir su resistencia"[38]. Quien más insistió en esa tesis, pero sin desmayar en el acuerdo humanitario para lograr la liberación de los secuestrados, fue el ex presidente Alfonso López Michelsen. El otro sector de la opinión pública, quizá el mayoritario, es partidario de darle una salida negociada al conflicto armado.

Aunque algunos voceros del actual gobierno se resisten a reconocer que hay conflicto, en el fondo lo admiten y sostienen de manera radical la doctrina de Clausewitz, como se puede concluir de lo expresado por tres altos dignatarios del Estado. El ex ministro de Gobierno Carlos Holguín dijo en su momento, refiriéndose a los miembros del Secretariado de las Farc: "Si no se entregan los exterminamos". El ex ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, en reportaje para el diario El Tiempo, se expresó en términos similares: "Por ahí hay muchas personas muy blanditas, con discurso apaciguador con esos criminales. A esos bandidos hay que acabarlos por las buenas o por las malas"[39]. Y el presidente Uribe, en Caimito, Sucre, en el mensaje del 31 de diciembre de 2008, reiteró su vieja metáfora: "La culebra sigue viva". Por supuesto, la conclusión inmediata a la que llega el jefe de Estado, es que se debe matar ese animal para evitar que  "siga envenenando la patria".

¿Cuál es la opinión de las Farc? El comandante general de esa guerrilla, Alfonso Cano, finaliza un amplio reportaje concedido a la revista Cambio 16 de España, y difundido profusamente en Colombia vía Internet en enero de 2009, con una conclusión definitoria: "El destino de Colombia no puede ser la guerra civil"[40]. En el reportaje, que consta de diecisiete preguntas, trata diversos temas y,  al referirse a la salida del conflicto armado, dice: "Hemos insistido una y otra vez en la necesidad de buscar salidas políticas, acuerdos, que posibiliten la solución incruenta de la crisis colombiana, esfuerzo que ha chocado con la ausencia de voluntad de la clase gobernante que nunca ha incluido una solución así como parte de su agenda"[41].  En relación con los duros golpes que han recibido las Farc, Cano, dijo que la caída de Raúl, Iván Ríos, Martín Caballero, Acasio, Libardo, Chucho, Juan Carlos, Héctor, Dago, Yuerley, Yurani, Camilo, Gloria, Daniela, Jorge Paisa, Walter y  muchos más "es parte del precio por alcanzar al libertad".

Sobre la situación de las Farc dijo que esa guerrilla es un "ejército irregular" que mantiene su estructura de "bloques, comandos conjuntos, frentes y columnas estratégicas" que actúan de acuerdo "a planes elaborados en los plenos del Estado Mayor Central [...]. Hemos golpeado y también sufrido golpes, así son las guerras". Agrega que la juventud sigue incorporándose a ese ejército irregular y que las Farc "están reforzando los nexos con la población en todo el país, lo que constituye garantía de victoria. Usted puede estar seguro que las Farc gozan de cabal salud". Y cuando el periodista  Jorge Melgarejo le preguntó qué haría falta para que las Farc se sentaran a negociar la paz, el comandante guerrillero, contestó: "Se requieren plenas garantías para los delegados de la guerrilla a esos encuentros con representantes del gobierno. Garantías de modo, tiempo y lugar como lo hemos señalado reiteradamente"[42].

3.3. La terminación del conflicto

Como puede observarse, de las dos partes en conflicto -establecimiento y guerrilla-, la insurgencia armada y un sector del establecimiento son partidarios de la negociación política mientras que un segmento del sistema es partidario de la guerra. Puestas en blanco y negro las dos posiciones, surgen varias preguntas: ¿qué esperan las partes para sentarse a conversar?, ¿por ventura el sector más radical y guerrerista del establecimiento, espera una rendición incondicional de las Farc?  Si este fuera el caso, habría que señalar que aún en la rendición incondicional, existe un principio de acuerdo, se necesitaun espacio para el diálogo, así sea entre el ejército vencedor y el último soldado del ejército vencido para ponerse de acuerdo en cómo recoger los cadáveres y los escombros de la conflagración. Aún así, para quienes sostienen esa tesis, sería la hora de dialogar y negociar con las Farc, pues todo se ha puesto en contra de esa guerrilla: la inteligencia técnica de la guerra, la inteligencia humana, las más sofisticadas tácticas militares de los ejércitos colombiano y estadounidense, el azar -propio de toda guerra-, la traición y hasta el ciclo vital de su creador y máximo conductor, que  llegó a su fin. Es decir, todo se confabuló para darles el golpe más demoledor de su historia a las Farc en el año 2008.

¿Qué más podrán esperar las partes de este conflicto para iniciar una negociación inmediata? ¿Qué más podrá esperar el Estado colombiano que les caiga encima a las Farc? Quizá no dejar vivo o libre a ningún miembro del Secretariado, comandante o subcomandante de frente. Sólo esto, pues, por lo demás, hay unos imposibles metafísicos que no volverán a darse: Marulanda no volverá a morir, Reyes no podrá ser ametrallado de nuevo, no habrá otro Ríos a quien le corten la mano ni otro Rojas que quiera enriquecerse con la traición y la felonía que caracterizan la guerra. Y aunque los ejércitos que combaten la guerrilla quisieran repetir la operación Jaque, la "carga"[43] que conservan las Farc en su poder no tiene el peso específico de aquella que fue rescatada el 2 de julio del año de su derrota.

¿Qué más podrán esperar las Farc? Como la guerra es un proceso dialéctico en el que se enfrentan dos partes, ¿serán capaces de recomponer sus  líneas y sus cuadros en el corto o el mediano plazo? En la dialéctica del engaño, ¿serán capaces de imaginar y dar vida a un teatro semejante, o mejor al que concluyó con la operación Jaque, para asestarle al Estado un golpe más contundente que el que le propinó a la guerrilla la inteligencia de los ejércitos estadounidense y colombiano?

En los albores de su existencia, hace más cuarenta años, las Farc tuvieron un momento más difícil que el que afrontaron en 2008. Fue en el lapso 1966-1968: entonces las Farc eran apenas un embrión de ejército. Su fuerza más importante era la que comandaba Ciro Trujillo, lugarteniente de Marulanda, compuesta por un poco más de  quinientos hombres, que el ejército colombiano hizo trizas en la cordillera Central. De ese revés dijo Marulanda en 1974: "Ahora sí calculo que  nos hemos repuesto de esa terrible enfermedad que casi nos aniquila a todos"[44]. ¿Las Farc esperarán curar las heridas mortales que les dejó 2008?  ¿Cuál de los dos extremos de la disyuntiva formulada por el Mono Joyoy el 20 de febrero de 2002, cuando Pastrana rompió el proceso de paz,  estarán contemplando? "Ahora -dijo Jorge Briceño-  pasarán algunos años y volveremos para solicitar varios departamentos o simplemente para ir a salvar lo que quede de nosotros, sentados a la mesa, en algún pueblito de Alemania". ¿Esperarán que su situación político-militar mejore al punto de poder exigir varios departamentos para comenzar una nueva negociación? ¿o  tendrán que sentarse en torno de una mesa,  en un pueblito del Viejo Continente, para convenir con el Estado colombiano su rendición?

Desde el punto de vista de la inutilidad de la guerra, todo momento es propicio para terminarla, y, por mala que sea la situación para alguna de las dos partes, siempre serán ganadores los dos ejércitos enfrentados y la sociedad civil que la padece. En consecuencia, la negociación del conflicto debería ser aquí y ahora. Las Farc no pueden considerar la negociación como una rendición, pues el solo hecho de que un ejército rebelde permanezca en el escenario de un país durante medio siglo significa que su objetivo es de la esencia misma de nuestra nacionalidad y de nuestros problemas seculares. El periodista Roberto Posada García-Peña, D'Artagnan, dice que las guerrillas forman parte de nuestra identidad como nación, que no son "un chiste y que no surgieron porque sí"[45]. Si no aparecieron de manera espontánea en la geografía colombiana,  ¿por qué surgieron esas guerrillas y por qué se han convertido en las más persistentes -casi eternas- del mundo? fue la pregunta que hice a los entrevistados como trabajo de campo para esta investigación. Y las respuestas fueron contundentes:

La guerrilla es parte de la identidad nacional en la medida en que la solución de los acuciantes problemas nacionales pasa por un acuerdo nacional de paz con la insurgencia. La resistencia de la clase dominante a producir cambios democráticos en la vida nacional ha prolongado de manera indefinida el conflicto y por ende la existencia de las guerrillas, que son la expresión de la oposición armada[46].

Las guerrillas en Colombia surgieron como una búsqueda de equilibrio social  ante  la exclusión de la gran mayoría frente a unos cuantos que manejaban todo el poder político, económico y social. Han persistido al no haber logrado su objetivo, al apoyo de la población en ciertos lugares, a la ubicación geográfica selvática, al contar con armamento fuerte y a su financiación fruto del secuestro, el cobro de vacunas y el narcotráfico[47].

Si el cuándo es ahora, surge otra pregunta ¿qué negociar con las Farc? En la respuesta de monseñor Gómez Serna, así como en los puntos de vista expresados por los demás entrevistados, está la clave: "Las Farc surgieron como una búsqueda de equilibrio social ante la exclusión de la gran mayoría frente a unos cuantos que manejan todo el poder político, económico y social". La misma pregunta -¿qué negociar con las Farc- se la formularon cuatro estudiosos del conflicto: Alfredo Rangel, Yezid Arteta, Carlos Lozano y Medófilo Medina.

Tres de estos investigadores coinciden en que se debe partir de los temas acordados entre Pastrana y las Farc, denominado "Agenda común por el cambio hacia una nueva Colombia" o  Acuerdo de la Machaca. "Siendo optimistas -dice Arteta-, no se trataría de una nueva negociación  de paz sino de la continuación de la iniciada en el gobierno Pastrana, que se vio interrumpida  por factores suficientemente conocidos"[48]. Lozano señala entre los puntos positivos del proceso Pastrana-Farc, la agenda común, "que consagra las bases políticas, económicas y sociales de la negociación [...]. Lo principal en las negociaciones es el contenido de la agenda, concreta y realista, pero dirigida a los temas esenciales que originaron el conflicto"[49]. Medina también  reconoce, como uno de los logros del proceso de paz Pastrana-Farc, el acuerdo sobre una agenda común: "Un logro significativo y temprano alcanzado por las partes en la zona de distinción fue el acuerdo sobre la agenda de los diálogos, en la que se recogieron experiencias de procesos de paz anteriores [...]. Estudiar ese documento sencillo y valorar sus alcances puede contribuir a dotar de realismo un proceso de negociación en el futuro"[50].

Entre tanto, Rangel señala que "con una guerrilla tan debilitada y desprestigiada será imposible mantener la misma agenda" acordada en El Caguán. Agrega  que la agenda debe reducirse a tres temas fundamentales, que son de la esencia de las Farc: poder político, ejército guerrillero y reivindicaciones sociales y económicas para el campesinado que constituye la base social de ese grupo insurgente. En relación con el poder político, Rangel dice que a las Farc se les debería ofrecer entre el diez y el veinte por ciento de las curules del Congreso de la República durante un lago período. En cuanto al segundo tema, señala que a los miembros de las Farc se les debería integrar al ejército nacional o a la policía nacional, cuyas fuerzas se debían concentrar en los departamentos de Caquetá, Putumayo, Vichada, Meta, Huila, y Arauca y en el sur del Tolima. Sobre el tercer tema, Rangel propone que, en un plan de desarrollo agropecuario del país a largo plazo, se incorpore a los campesinos "que hoy están dedicados al cultivo de coca y amapola en muchas regiones", impulsando "nuevos proyectos productivos de envergadura regional", cuyos productos "podrían destinarse a los mercados de exportación"[51].

En relación con el procedimiento a seguir en una negociación con las Farc, los cuatro ensayistas formulan diferentes puntos de vista. Para Alfredo Rangel, es "impensable que la guerrilla vuelva a tener una amplia zona desmilitarizada bajo su absoluto control armado como ocurrió en la época del Caguán". Es posible que la negociación se realice fuera del país, y si es en Colombia debe ser "bajo el control de observadores internacionales y sin presencia armada del Estado ni de la guerrilla". Según Rangel, un futuro proceso de negociación debe hacerse bajo la premisa capital del cese de hostilidades, con una concentración progresiva de las tropas guerrilleras, comenzando por la ubicación de los diferentes frentes en unos diez lugares que luego se reducirán a unas pocas zonas[52].

Arteta formula una serie de recomendaciones para lograr el éxito de un proceso de paz. En primer lugar, tener una "moderación del lenguaje pasional que el gobierno emplea contra las Farc". Si los estamentos oficiales lo hacen, seguramente encuentren una respuesta recíproca en la organización guerrillera. En segundo lugar, asegurar la participación de los militares activos en la negociación, como se hizo en el proceso de paz salvadoreño. En tercer lugar, "una acción decidida del Estado para atacar el fenómeno del paramilitarismo", pues las estrechas relaciones de los paramilitares con el ejército y la policía se convirtió en un obstáculo en las negociaciones del Caguán. En cuarto lugar, garantizar el cese bilateral del fuego, pues no solamente existe una gran desconfianza "entre el gobierno y los alzados en armas, sino entre los ciudadanos comunes y corrientes". Y, finalmente, contar con el acompañamiento de la comunidad internacional[53].

Calos Lozano plantea tres requisitos que se deben tener en cuenta en un proceso de negociación con las Farc: en primer lugar, el cese al fuego  -así sea limitado en el tiempo y en el espacio-  pues "el principal error en los diálogos del Caguán, fue adelantarlos en medio de la guerra"; en segundo lugar, "la participación de otros países y de las Naciones Unidas, habida cuenta de la desconfianza recíproca de las partes, de sus diferencias y de la ventaja que cada uno pretenda sacar en la negociación", y, en tercer lugar, el "acuerdo de paz deberá ser rubricado en una Asamblea Nacional Constituyente con participación de los antiguos combatientes"[54].

Medófilo Medina señala tres condiciones para que tenga éxito un proceso de negociación con las Farc. En primer lugar, un proceso de paz entre la insurgencia y el Estado "debe estar precedido de una fase de concertación entre los diversos poderes fácticos -políticos, económicos e ideológicos- del establecimiento". Este acuerdo no necesariamente debe ser unánime, "pero sí tendría que ser suficientemente representativo para tener eficacia". En segundo lugar, "una intensa exploración  del gobierno con la dirección guerrillera". Y, en tercer lugar, "no se pueden abrigar de manera realista esperanzas  de resultados positivos para la paz si no se ha logrado previamente algún acuerdo con las Fuerzas Armadas y si en el proceso de negociaciones  no toman parte, de alguna u otra forma, los militares". Medina cita al general Fernado Landazábal, quien al respecto dice: "Siempre he dicho que la paz se hará el día que el gobierno autorice al mando militar para hacer la paz o hacer la guerra, cuando la guerrilla sepa que la paz depende del mando militar". Según Landazábal, "el problema de la comisiones de paz es que la guerrilla tiene desconfianza del estamento político"[55].

Si se revisan todas las fuentes de esta investigación y se observan las distintas posiciones, incluyendo la de los entrevistados, se ve claramente que hay un sector de la sociedad, imposible de cuantificar, que desea la guerra total. Este sector ha llevado a la radicalización del conflicto y a la degradación de la dignidad humana, hasta el punto de convertirse en una patología de la sociedad que empequeñece y deprime a todos sus miembros y hunde a hombres, mujeres, niños y ancianos en el sufrimiento y la desesperanza. Es una patología que ya venía incubándose en el alma colectiva de los colombianos, desde medianos del siglo XX, como se concluye de las palabras de monseñor Miguel Ángel Builes en la cuaresma de 1951: "¿En qué país del hemisferio occidental o en el mundo entero se registran semejantes crueldades obedeciendo a una consigna infernal? En ninguna parte. Sólo en Colombia"[56].

Partiendo de la realidad inocultable del conflicto, vuelvo a la pregunta inicial: ¿qué hacer para terminar nuestra guerra? La respuesta es de Perogrullo: decidir ahora mismo que se le debe poner fin y comenzar un proceso de negociación. Pero, antes de iniciar conversaciones con la insurgencia, quienes representan a los distintos intereses del establecimiento deben ponerse de acuerdo en  qué  van a negociar con la guerrilla. En relación con los temas de negociación, debe partirse de la "agenda común" acordada entre Pastrana y las Farc, porque los puntos contenidos en ese acuerdo son  los que se debatieron durante veinte años de procesos de paz (1982-2002). En cuanto al procedimiento de la negociación,  debe haber cese bilateral del fuego, participación del Ejército en los diálogos, acompañamiento de la comunidad internacional y con una asamblea constituyente que protocolice al final los acuerdos alcanzados en la mesa de negociación.

Pero de manera simultánea con las conversaciones de paz debe iniciarse un tratamiento de psiquiatría colectiva para extirpar de la sociedad esa patología de guerra que se ha incubado durante medio siglo y  que ahora ha llegado a su clímax: hoy, hablar de paz es un delito. El tratamiento de psiquiatría social debe comenzar por el uso del lenguaje, dándole al contendiente la denominación de ser humano y arrancando del alma colectiva todas aquellas pasiones que genera la guerra: odio, venganza, humillación, exclusión, adicción, hipocresía, perfidia y falsedad.

Conclusiones

La investigación  adelantada en este artículo, permite arrivar a las siguientes conclusiones:

1ª. En Colombia sí existe un conflicto. Así lo señaló el ciento por ciento de los entrevistados en esta investigación. Así lo demuestran los hechos coyunturales de la geopolítica latinoamericana.

2ª. El primer paso para  terminar con el conflicto es reconocer su existencia, no negarlo, ni ocultarlo ni minimizarlo de manera torpe. Toda la política de orden público e internacional del actual gobierno gira en torno a la guerra, pero sus voceros, comenzando por el jefe de Estado se empeña en decir que no existe una confrontación armada.

3ª. Reconocida la existencia del conflicto, el segundo paso que deben dar quines representan los distintos intereses del establecimiento, es ponerse de acuerdo en qué van a negociar con la guerrilla. El tercer paso será iniciar conversaciones de inmediato con la insurgencia.

4ª. En relación con los temas de negociación, debe partirse de la "agenda común" acordada entre  Pastrana y las Farc, porque los puntos contenidos en ese acuerdo, son los mismos que se debatieron durante veinte años de procesos de paz (1982-2002).

Bibliografía:

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-BALLÉN,  Rafael. Los males de la guerra. Colombia 1988-2008. Bogotá, Temis (en prensa 2009).

-SÁNCHEZ, Joaquín Emilio. Entrevista realizada por  Rafael Ballén, 26 de junio de 2008.

-VILLAMIL CHAUX, Carlos. Entrevista realizada por Rafael Ballén.

.

-LOZANO, Carlos. Entrevista  realizada por Rafael Ballén.

-PRADILLA, Augusto. Entrevista realizada por Rafael Ballén.

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-CAICEDO TURRIAGO, Jaime. Entrevista realizada por Rafael Ballén.

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[1] BALLÉN, Rafael. "Internacionalización del conflicto colombiano: 1988-2008", en Diálogos de saberes núm. 29, Bogotá, Universidad Libre, julio-diciembre de 2008, pp. 103-127.

[2] GAVIRIA, José Obdulio. "Un sólido y robusto cuerpo de doctrina", en: Crímenes altruistas. Las razones del presidente Uribe para abolir el delito político en Colombia. Bogotá, Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia, 2007, p. 11.

[3] CHERNICK, Marc. Acuerdo posible. Solución negociada al conflicto armado colombiano. Seis décadas de violencia. Veinticinco años de proceso de paz. Bogotá, Ediciones Aurora, 2008, p. 21.

[4] RUIZ, Bert. Estados Unidos y la guerra en Colombia. Una mirada crítica. Bogotá, Intermedio, 2003,  p. 146.

[5] FUNDACIÓN SEGURIDAD Y DEMOCRACIA. "Informe especial: Uribe tres años". Disponible en: www.seguridadydemocracia.org.

[6] BALLÉN,  Rafael. Los males de la guerra. Colombia 1988-2008. Bogotá, Temis (en prensa 2009).

[7] SÁNCHEZ, Joaquín Emilio. Entrevista realizada por  Rafael Ballén, 26 de junio de 2008.

[8] Ibíd..

[9] VILLAMIL CHAUX, Carlos. Entrevista realizada por Rafael Ballén, 4 de noviembre de 2008.

[10] Ibíd..

[11] LOZANO, Carlos. Entrevista  realizada por Rafael Ballén, 20 de octubre de 2008.

[12] Ibid.

[13] PRADILLA, Augusto. Entrevista realizada por Rafael Ballén, 12 de diciembre de 2008.

[14] Ibíd..

[15] BULA CAMACHO, Carlos. Entrevista realizada por Rafael Ballén, 13 de febrero de 2009.

[16] Ibíd.

[17] CAICEDO TURRIAGO, Jaime. Entrevista realizada por Rafael Ballén, 26 de diciembre de 2008.

[18] Ibíd.

[19] OTERO PRDA, Diego. Entrevista realizada por Rafael Ballén, 26 de diciembre de 2009.

[20] Ibíd.

[21] FAJARDO, Miguel Arturo. Entrevista realizada por Rafael Ballén,  4 de diciembre de 2008.

[22] Ibíd.

[23] OJEDA AWAB, Alonso. Entrevista realizada por Rafael Ballén, 8 de febrero de 2009.

[24] Ibíd.

[25] PEÑA MELÉNDEZ, Wilson. Entrevista realizada por Rafael Ballén, 14 de Febrer de 2009.

[26] Ibíd.

[27] PRIETO AMAYA, Jaime. Carta dirigida a Rafael Ballén, el 2 de diciembre de 2008.

[28] SÁNCHEZ, Joaquín Emilio. Ob. cit.

[29] VILLAMIL CHAUX, Carlos. Ob. cit.

[30] LOZANO, Carlos. Ob. cit.

[31] PRADILLA, Augusto. Ob. cit.

[32] BULA, Carlos. Ob. cit.

[33] GÓMEZ SERNA, Leonardo. Ob. cit.

[34] OTERO PRADA, Diego. Ob. cit.

[35] FAJARDO, Miguel Arturo. Ob. cit.

[36] OJEDA AWAD, Alonso. Ob. cit.

[37] PEÑA, Wilson. Ob. cit.

[38] CLUSEWITZ,  Carlos. De la guerra. Tácticas y estrategias. Barcelona, Idea, 1999, p. 20.

[39] GÓMEZ OSORIO,  Andrés. "Minagricultura, contra el Polo y los ‘camaleones' del uribismo. Asegura que está ‘acabando un ciclo en el ministerio y que el Presidente lo sabe", en: El Tiempo, Bogotá, lunes 12 de enero de 2009, p. 1-3.

[40] MELGAREJO, Jorge. "Uribe se mueve por los dólares, nunca por los principios", en Cambio 16, España, enero de 2009. (Divulgado en Internet Colombia Plural/Inestco, el 10 de enero de 2009).

[41] Ibíd.

[42] Ibíd.

[43] Es la denominación que las Farc le dan a los secuestrados.

[44] ARTETA, Yesit. "Escenarios de confrontación y negociación con las Farc", en: Qué, cómo y cuándo negociar con las Farc. Bogotá, Intermedio, 2008, p. 141.

[45] D'ARTAGNAN, "Un libro que hará trinar", en El Tiempo. Bogotá, domingo 27 de abril de 2008, p. 1-29.

[46] LOZANO, Carlos. Entrevista realizada el 20 de octubre de 2008.

[47] GÓMEZ SERNA,  Leonardo (Obispo de Magangue). Entrevista realizada el 4 de noviembre de 2008.

[48] ARTETA, Yezid. Ob. cit., p. 125.

[49] LOZANO, Carlos. "El conflicto con las Farc", en: Qué, cómo y cuando negociar con las Farc. Bogotá, Intermedio, 2008, pp. 231-240.

[50] MEDINA, Medófilo. Ob. cit., p. 298.

[51] RANGEL, Alfredo. "Qué y cómo negociar con las Farc", en: Qué, cómo y cuando negociar con las Farc. Bogotá, Intermedio, pp. 29-31.

[52] Ibíd., pp. 26-28.

[53] ARTETA, Yezid. Ob. cit., pp. 103-128.

[54] LOZANO,  Carlos.  Ob. cit., pp. 230-242.

[55] MEDINA, Medófilo. Ob. cit., pp. 266-271.

[56] GUZMÁN CAMPOS, Germán; FALS BORDA, Orlando y UMAÑA LUNA, Eduardo. La violencia en Colombia. 2ª. ed. Bogotá,  Taurus, 2005, pp. 120-132.

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