Uribe reafirma su personalidad
El concepto personalidad es uno de los más difíciles de definir y tratar en psicología, filosofía y ciencia política. Y esta nota no pretende agotar el tema. Tan sólo decir que la personalidad es el conjunto de afecciones del alma -temperamento, carácter, aptitudes, sentimientos, emociones, pasiones, virtudes, valores, intereses, motivaciones, etc.- junto con las características fenotípicas que identifican a un individuo. Esta unidad entre lo físico y lo mental de un hombre o de una mujer constituye la naturaleza única e inequívoca de cada personalidad. Esta singularidad de la persona determina que no pueda ser duplicada, confundida con otra, suplantada o, para decirlo con el verbo de hoy, que pueda ser clonada en su psicología y en su comportamiento cotidiano. Sancho Panza lo dijo con asombrosa genialidad: "Cada uno es como Dios lo crió, y aún peor muchas veces".
El periplo que el presidente Uribe realizó por Europa ha generado y seguirá generando toda suerte de comentarios. No se borrarán tan fácil de la memoria las imágenes y la tonalidad de sus discursos. Los comentarios giran en medio de dos extremos. El Gobierno sostiene que al presidente Uribe le fue muy bien, por cuanto consiguió las siguientes promesas: prórroga al sistema general de preferencias arancelarias, de unos cuantos euros para el programa de guardabosques, la posible realización de una mesa de donantes en Bogotá y la hipotética inclusión del ELN en la lista de terroristas. Los contendientes de Uribe, señalan que al jefe de Estado le fue muy mal porque un sector significativo de Parlamento Europeo le hizo un desplante primero con sus bufandas blancas pidiendo paz y justicia en Colombia y luego retirándose del recinto, porque hubo mítines de protesta por la visita y porque Berlusconi lo desairó al cancelarle el almuerzo privado.
Ni bien ni mal. Simplemente el presidente Uribe reafirmó ante los europeos, que lo quisieron recibir y escuchar, su personalidad al desnudo. Tal como es. Como lo conocemos aquí: su pasión, su terquedad, sus propósitos, sus intenciones, sus rabietas, la creencia en su predestinación, su obsesión, su brutalidad, su principio de vida, sus arrebatadores gritos, acompañados de la certeza de que personifica al propio coloso y que está remontando los Andes -y quizá los Alpes y los Pirineos- al lomo de su mejor caballo, para salvar el mundo del terrorismo.
Allá como aquí, para el presidente Uribe, los movimientos guerrilleros son terroristas, y a los terroristas hay que eliminarlos. Allá como aquí, las bandas paramilitares no hacen masacres sino aplican justicia privada. Otra vez utilizó símbolos para llamar la atención y producir noticia. No importa las personas y las cosas utilizadas, lo interesante es lograr la efectividad mediática. En esta oportunidad le sirvió de monigote de sus símbolos Juan Pablo II, a quien quiso colgarle un carriel, pero el séquito de cardenales se lo impidió.
Otra vez sus invocaciones al Altísimo y sus juramentos, para ratificar su proyecto de vida. Recordarán todos los colombianos que poco antes de cumplir un año de gobierno, el presidente Uribe concedió un amplio reportaje a El Espectador. En éste los periodistas le dijeron a Uribe que al país le llamaba la atención el nuevo lenguaje oficial, en el que se desconocía el conflicto y simplemente se hablaba de terrorismo. Y Uribe manifestó, en otras palabras, que ese era su proyecto de vida. "Estoy resuelto -dijo- a que los años de vida que Dios me dé los dedicaré a trabajar, desde la Presidencia o desde afuera, para que Colombia derrote el terrorismo [...]. Cuando uno está resuelto poco se calcula, uno está jugado, ya no se calcula, sólo convicción". En Estrasburgo lo repitió: "Mi lucha contra el terrorismo terminará cuando se den una de estas dos cosas, o cuando lo haya derrotado, o cuando el Creador haya puesto fin a mi existencia".
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