Los retos del Foro Social Mundial
El Foro Social Mundial es la continuación de ese grito de dolor y de rabia que ha lanzado la inmensa mayoría de la humanidad desde hace unos 4.200 años, por intermedio de pueblos y pensadores. Sólo unos ejemplo pueden refrescar la memoria: los esclavos egipcios en el 2200 a. C., los gladiadores romanos liderados por Espartaco y la Comuna de París; Hesíodo, Sócrates, Platón, Marx y Durkheim. En lo inmediato el Foro está precedido por la manifestación de 25.000 personas en Seattle, Estados Unidos, el martes 30 de noviembre de 1999, para protestar ante la asamblea de la Organización Mundial de Comercio, y por el mitin de otras 6.000, realizada contra la asamblea semestral del FMI y el BM, el 16 de abril de 2000 en Washington. Con esos antecedentes tan nobles y tan comprometidos con la causa eterna de la humanidad, el FSM, sin embargo, tiene muchos retos, y en particular dos: organización y resultados concretos.
Tan unidos pero tan distantes y desorganizados, es la paradoja del Foro. No se trata de la anarquía espontánea sino de una prevención consciente de miembros y simpatizantes de ese proceso dialéctico. Hoy existe una gran desconfianza en todo aquello que materializa cualquier aparato, porque los máximos paradigmas de la estructura -el partido y el Estado- han fracasado. El partido se convirtió en un pequeño círculo, en un reducido instrumento burocrático que sólo ha servido para satisfacer vanidades, y a su vez, para ayudar a que sus miembros se encaramen en las más altas palancas del Estado. Y éste, con el devenir del tiempo pasó a ser la más sólida máquina de injusticia, represión y terrorismo.
Con esos antecedentes y con la experiencia de la burocratización de los ejércitos, de las iglesias, de los clubes deportivos, de los órganos judiciales, de la universidades, de los sindicatos y de las ONG, el ciudadano común y corriente tiene mucho temor a la estructura, a la organización, a los aparatos y a los simples comités. Prefiere que no haya líderes, a que los líderes se conviertan en burócratas, dueños de un movimiento, de una corriente de opinión, de una masa, de un pueblo. Así que la desconfianza propicia el caos, y este es demasiado grande, cuando se trata de un Foro en que deben interactuar miles de personas, que a su vez hablan en nombre miles de millones de seres humanos que se debaten en medio de su miseria y su exclusión. En consecuencia, los inspiradores y activistas del Foro, tienen que hacer un esfuerzo de organización, pues ahora no estamos ante pequeñas comunidades de cazadores y recolectores primitivos, sino ante más de 6.000 millones de habitantes.
El segundo reto del Foro, después de la organización, es alcanzar resultados que beneficien a los millones de hombres y mujeres que sus voceros dicen representar. Aunque el Foro es hoy el más grande referente anti globalización capitalista y aunque sus activistas han salido a las calles de las principales ciudades del mundo a protestar contra la invasión a Irak, debe estructurar agendas de trabajo e instrumentos de lucha que propicien resultados concretos para los pueblos del mundo.
El Foro debe convertirse en la contraparte legítima de las tres herramientas de la globalización hegemónica: FMI, BM y la OMC. Usualmente se habla de negociación entre los gobiernos nacionales y estos organismos mundiales, pero ahí no hay negociación sino imposición y soborno. Asimismo, el Foro debe hacer presencia en todos los escenarios mundiales, como la ONU, la OEA, el Grupo de Río, etc. Y debe conseguir la eliminación de los subsidios agrarios de los Estados Unidos y de la Unión Europea para impedir el marchitamiento de los campesinos asiáticos, africanos y latinoamericanos y lograr el desarme de las grandes potencias.
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