La hora de Piedad Córdoba
En la correlación de fuerzas e intereses que se mueven dentro de la Dirección Nacional Liberal ha perdido Piedad Córdoba y el sector que ella lidera. Esto significaría que ha concluido el cuarto de hora de la combativa senadora que en el reciente pasado salvó la dignidad del liberalismo frente a los más conspicuos representantes del establecimiento. Si solamente se mira el desayuno del Hotel Santa Clara de Cartagena por invitación de César Gaviria, sí. Pero si se observa todo el conjunto del liberalismo en el contexto político del país, la conclusión es absolutamente la contraria.
El liberalismo siempre ha estado dividido. Nadie se debe extrañar de esa realidad. Pero desde mayo de 1988 -en esa fecha se selló la unión entre Oficialismo Liberal y Nuevo Liberalismo- y hasta unos días antes de la votación por el referendo, el liberalismo estuvo unido, y unido participó en las dos últimas elecciones presidenciales (1998 y 2002). Lo que estuvo dividido en esas dos oportunidades no fue el liberalismo, sino el establecimiento: por el narcotráfico y por la guerra. No es verdad que el liberalismo se haya dividido en el 2002. En la última elección presidencial, la inmensa mayoría del establecimiento que no quería -que no desea- una salida política al conflicto interno sino la tierra arrasada, se alineó en torno al conductor de la guerra: Álvaro Uribe Vélez. Éste no necesitó organizar un movimiento liberal, como lo hizo Gaitán, López Muchelsen o Galán. Simplemente, se puso a la cabeza del sector más reaccionario del establecimiento. Las masas liberales y una parte del establecimiento apoyó a Horacio Serpa.
Algunas personalidades que pertenecieron al liberalismo, como Germán Vargas y Rafael Pardo, fueron elegidos senadores no como voceros del liberalismo sino de otras agrupaciones políticas, y a nombre de éstas, apoyaron la candidatura de Uribe Vélez. En cambio otros legisladores, como Héctor Helí Rojas y Darío Martínez, fueron elegidos con el aval del liberalismo y luego apoyaron a Uribe. Todos ellos, los ex presidentes liberales (excepto López), los ex ministros liberales y el ex candidato presidencial Horacio Serpa, se alinearon al lado del presidente Uribe en la defensa del referendo, y todos perdieron. La DNL, con Piedad Córdoba a la cabeza se enfrentó a Uribe y a su plebiscito disfrazado de referendo. Córdoba y la Gran Coalición Democrática, fueron los ganadores.
¿Cuál es el panorama de hoy? El nuevo presidente de la DNL, senador Camilo Sánchez, dice que defenderá "la socialdemocracia que representa el centro-izquierda". Y como algunos antiguos militantes del liberalismo fundaron otros partidos y ya no pertenecen ni política, ni sociológica, ni jurídicamente al PL, Sánchez los invita a que regresen. "Sólo les exigimos -dice- renunciar al partido al que pertenecían". Y agrega que de esa manera el liberalismo será opción de poder en las próximas elecciones. Pero quienes estuvieron con el referendo están con Uribe, y ellos sólo tienen una gran preocupación: sostener el actual régimen, que significa apoyar la guerra, el neoliberalismo, la fumigación, la represión, el autoritarismo, los desplazamientos forzados y la miseria.
Y como nada de lo anterior quieren las masas liberales, es la hora de Piedad Córdoba. Sólo necesitan, ella y quienes en la DNL la acompañan, ir a buscar las masas liberales que hicieron parte de la Gran Coalición Democrática que sepultó el referendo el 25 de octubre, y el 26 logró elegir gobernadores alcaldes, diputados y concejales de centro-izquierda. Esta es la verdadera alternativa de poder, lo demás es ilusión. Esa parece ser la lectura que hace el ex presidente López (El Tiempo, 28-12-03). A mí me pasó igual el lunes 20 de octubre, en el mismo Hotel Tequendama, en medio de 5.000 liberales que delirantes querían la victoria: esa noche supe que Lucho Garzón sería el alcalde de Bogotá.
| < Prev | Próximo > |
|---|
Suscripción a Artículo
CreativeCommons
Todo el contenido y las descargas de este sitio están publicados bajo una licencia de Creative Commons
Últimos artículos
- ¿Cómo terminar nuestra guerra?*
- El bicentenario del 20 de julio de 1810 en cuatro tiempos
- Una década perdida
- Introducción a la quinta edición de la Pequeña Política de Uribe
- Los contextos donde se expidió la carta de derechos de la Constitución de 1991
- Tras de ladrones, bufones
- La derecha extrema
- Video Hacia la relegitimación del Estado


