El Estado soy yo
Con sus penúltimas rabietas el presidente Uribe va adoptando actitudes cada vez más semejantes a las de Luis XIV, el mismo que dijo: "El Estado soy yo". El extenso reinado de cincuenta y cuatro años (1643-1715), le permitió al monarca francés tomarle tanta confianza al poder, que fue calificado, por el obispo Godeau como "vicediós". Fue entonces cuando el rey dijo: "La voluntad de Dios consiste en que cualquiera que haya nacido súbdito obedezca sin discernimiento. La nación no forma un cuerpo en Francia: reside por entero en la persona del rey. El Estado soy yo".
Con motivo de la denuncia ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes y de la decisión del Consejo Nacional Electoral frente al referendo, representantes y magistrados fueron víctimas de la soberbia del presidente Uribe. En el primer caso los zaheridos fueron los legisladores Alexander López, denunciante, y Teófila Roa, conductora del proceso. A López lo trató de subversivo y a Roa de ignorante. "No entiendo -dijo Uribe- cómo me indagan por un delito y me preguntan por las normas jurídicas que los investigadores están en la obligación de conocer". ¿Qué tal que alguno de los miles de capturados por simple sospecha le contestara así al fiscal que lo indaga? En la miseria humana es en lo único, en que todos somos iguales.
El caso del Consejo Nacional Electoral, es más preocupante aún. Tres días después de la derrota del referendo, el ministro Londoño cuestionó el umbral electoral alegando diversas causas. La opinión pública reaccionó contra la conducta tiránica de Londoño, pero nadie se imaginó que obedecía a instrucciones del presidente Uribe. Sólo ahora el jefe de Estado descubre sus verdaderas intenciones: desconocer los resultados de las urnas. Y lo hace en los peores términos: califica el fallo como un triunfo de la politiquería.
¿Qué es politiquería? ¿Quién nos defiende ante el presidente Uribe de ese horrible concepto? El Drae dice que politiquero es el que politiquea. Y, a su vez, sobre el vocablo politiquear dice: "Tratar de política con superficialidad o bajeza. Hacer política de intrigas y bajezas". Si alguien hay en Colombia que trata la política con superficialidad es el presidente Uribe. Meterse en la "Casa del gran Hermano" y hacerse ungir de una secta religiosa para conseguir votos, así como presionar al Consejo Nacional Electoral, es arrastrar la dignidad presidencial al lodo de politiquería.
La nota biográfica que el doctor Uribe Vélez presentó con los 100 de su campaña, dice que fue Jefe de Bienes Públicos de Medellín, Secretario General del Ministerio de Trabajo, Director de Aeronáutica Civil, Alcalde de Medellín, Senador de la República y Gobernador de Antioquia. Pero lo que no dice la leyenda, es que a todos y cada uno de esos cargos haya llegado mediante concurso de méritos o de oposición. Entonces, hay que concluir que fue halagando, gritando, dando codazos, amenazando, es decir, politiqueando, como ascendió paso a paso todas las escalas del poder.
Pero ahora el señalado por el presidente Uribe como politiquero, está muerto y condenado a las tinieblas exteriores. Y lo hace con suma habilidad, pues le traslada la carga de la prueba de su concepto a sus contendientes o víctimas. Es decir, para desconceptuar al otro utiliza la prueba diabólica. ¿Cómo hará el contendiente o la víctima para quitarse de encima el espantoso mote de politiquero, si ya se lo puso alguien que no es politiquero, quien además, hoy es el jefe de Estado, jefe de gobierno y suprema autoridad administrativa? ¿Cómo reaccionará Uribe en el 2006 cuando pierda las elecciones? ¿Desconocerá la Constitución y las leyes? ¿Dirá: "La democracia soy yo"? Recordemos que su propósito es no entregar el poder a "unas manos blanditas".
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