La batalla por la verdad
Existen muchas clases de verdad: la verdad metafísica u ontológica, la verdad lógica o real, la verdad epistemológica, la verdad nominal o formal. Los jueces y litigantes hablan de la verdad procesal y la verdad real. El problema de la verdad, es uno de los temas más trascendentales del hombre. La injusticia, la miseria, el hambre, la guerra y la ruina de las sociedades se deben al ocultamiento de la verdad. En efecto, muchos hombres, quizá de buena fe, se han guiado por la falsedad, la ilusión o la apariencia, que son modos de negar la verdad y desconocer la historia. En cambio otros conociendo la verdad, la niegan, la ocultan o la tergiversan, porque sencillamente obran de mala fe para defender sus intereses. Si los grandes líderes del mundo, incluyendo los pastores de todas las iglesias y los tiranos, conocieran la verdad y actuaran de buena fe, se despojarían de sus vestiduras, de sus armas, de los bines usurpados y se irían a luchar hombro a hombro al lado de los desvalidos, de los miserables, de los que carecen de voz y de subsistencia.
En el ejercicio de reclutar y luego desmovilizar a 855 presuntos paramilitares del Bloque Cacique Nutibara de Medellín, hay muy poca verdad lógica o real y en cambio mucho de apariencia. No existe coherencia en el número de contrainsurgentes y la cantidad y calidad de las armas entregadas. El "Comandante R" dijo que eran 779 y con él, 800, pero los dígitos han ido creciendo inexplicablemente. José Miguel Vivanco, director para América Latina de la ONG Human Rights Watchs, dijo que se trataba de una "farsa, de un espectáculo de impunidad". El Ejército a través de su página web realizó una encuesta para que la gente opinara en relación con lo dicho por Vivanco. El 62 por ciento de los encuestados dijo que Vivanco tenía razón, el 19 por ciento dijo que el director de la ONG estaba apoyando el terrorismo, 13 por ciento que Vivanco debería apoyar el proceso y el 6 por ciento que no debería opinar.
Sea farsa, pantomima, tragedia o comedia, lo cierto es que se trata de un drama, sobre el cual se han formulado muchos interrogantes, tanto los ciudadanos del común, como los editoriales de los principales diarios del país, así como los columnistas de los mismos y de las revistas. Cuando hay tantos interrogantes sobre el mismo tema, es porque hay muchas dudas y cuando hay muchas dudas, lo mejor es averiguar la verdad. Colombia necesita saber, aquí y ahora, cuál es la verdad real.
Si Carlos Castaño se atreviera a decir la verdad, seguramente las víctimas de sus horrendos crímenes, la comunidad internacional y nuestra sociedad lo perdonarían, pero los verdaderos asesinos irían a la cárcel. Castaño dice en Mi confesión: "Todo lo que se va a contar en este libro es verdad pero no diré toda la verdad. La verdad tiene su frontera, justo donde es posible hacerle daño al país" (p.39). Más adelante agrega que durante una época sostuvo reuniones con un tal "Grupo de los Seis" (p.237). Y en reciente crónica le dijo a El Tiempo: "¡Por fin vamos a dejar de ser la amante y pasar a ser la esposa! Esa sociedad nos devuelve a su seno, porque de ahí salimos".
El Jefe paramilitar debe comenzar por decir toda la verdad a esa sociedad de donde dice que salió. La verdad que ocultó en la página 39 y desenmascarar el nefasto Grupo de los Seis que menciona en la página 237 y que ahora ratifica sin decir nombres. Si se atreve a decir la verdad, sabremos que los jefes del paramilitarismo, no han estado ni están en el Nudo de Paramillo ni en las sabanas de Córdoba y el sur de Bolívar, sino en los centros de poder: ¿en los gremios económicos, en el Congreso, en el Ejército, en el Gobierno? Lo sabremos cuando Castaño desenmascare a sus sanguinarios amantes, que tantos crímenes atroces le han ordenado ejecutar durante los últimos veinte años.
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