¿Recobrando la credibilidad?
Excelente el discurso del presidente Uribe ante las Naciones Unidas, como todo lo que dice y hace el jefe de Estado, aquí y en escenarios internacionales. Sus primeras frases son de antología. Uribe se siente angustiado porque el terrorismo está invadiendo a tantos países, pero comparece allí, para ratificar su lucha contra ese flagelo, hasta cuando éste sea derrotado. "Colombia reafirma su fe en el multilateralismo, como sistema más efectivo para garantizar la paz", agregó en el introito. Las crónicas señalan que no había quórum. Esto indudablemente fue una ventaja para el presidente Uribe, porque menos conciencias podían recordar, que el mandatario colombiano no obró bajo el mismo principio cuando apartándose del criterio del Consejo de Seguridad de la ONU, dio el apoyo a la decisión unilateral de Bush para invadir injustamente a Irak.
Lo demás, de su intervención ante la ONU, es bien conocido entre nosotros. El caso es que, con el violento discurso contra las ONG defensoras de Derechos Humanos y los grandes esfuerzos por promulgar la ley Castaño-Mancuso sin que nadie se diera cuenta, el presidente Uribe sufrió un rechazo internacional, tanto en organismos como en medios de comunicación. Carta de 56 congresistas. Editorial de El New York Time. La columnista de El Guardian, Isabel Hilton, escribe: "Bajo Uribe, el nivel de asesinatos políticos se ha doblado, los carteles de la droga controlan ahora el 60% del territorio y 3 millones de personas han sido forzadas a dejar sus casas". El periodista inglés Jeremy Lennard, dice: "La gente del campo pronostica que los ‘paras' se convertirán en soldados campesinos, avalados por el Estado". Para contrarrestar la mala imagen, los asesores de Uribe, le aconsejaron poner la cara y hacer un discurso de tonos graves y con rostro sereno.
Así lo hizo. Sin embargo, aún existe desconfianza, entre quienes nos vigilan. Lisa Hauggard, del Lian American Working Group, dice: "El problema no se resuelve con un discurso decente. Todavía estamos esperando una rectificación muy clara del Presidente". En el orden doméstico, tampoco el presidente Uribe ha logrado convencer a todos sus seguidores. Muchos se sienten defraudados. Dos de sus grandes electores hablan. El ex presidente López, ha escrito en su columna de El Tiempo: "Poco a poco se hizo público que, con quien se iba a tratar no era con los sublevados, conocidos como la ‘guerrilla', sino con los paramilitares, que carecían y carecen de estatus o carácter político". Y el director de Cambio, refiriéndose a las matanzas de niños, ancianos y mujeres embarazadas cometidos por los paramilitares, y al perdón que se proyecta, señala: "Yo no voté por Álvaro Uribe para eso. Yo no voté por él para que les diera a los paramilitares aún más de lo que Pastrana llegó a ofrecerles a los guerrilleros".
Ese escepticismo, de aquí y de allá y el propósito del presidente Uribe de lavar su imagen ante la opinión internacional, pone en la memoria las palabras de Abraham Lincoln (1809-1865), a quien le tocó enfrentar la Guerra de Secesión (1861-1865) de Estados Unidos. Cinco días después de haber concluido la guerra, Lincoln fue herido mortalmente, cuando asistía a una función de teatro. Falleció al día siguiente, 15 de abril. Por su incorruptible honradez y su modestia, Lincoln es considerado uno de los políticos más populares de Estados Unidos. Las Cartas y los discursos de Lincoln se publicaron en 12 tomos, en Nueva York, en 1894. En uno de esos volúmenes, dice el ex presidente estadounidense: "Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito. Podrás engañar a todos algún tiempo; podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos". En palabras de un profesor de la UN de Medellín y agudo observador, aquí y ahora esto significa: "Las orejas del lobo ya son demasiado visibles".
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