El presidente Uribe y la Onu
En las extensas y profundas cavilaciones de Sancho Panza, hay un pasaje donde el escudero de Don Quijote trata de satisfacer los interrogatorios del bachiller Sansón Carrasco, a propósito del robo de su jumento. En el contexto de ese discurso aparece una definición de la personalidad de cada hombre, que se acomoda a nuestra conducta individual, y por supuesto a la actitud del presidente Uribe: "Cada uno es como Dios lo hizo, y aun peor muchas veces". Y es aplicable, porque el propio primer mandatario de la Nación hace gala de su modo de ser, con cierto aire de vanidad: "Terco como una mula".
En todos sus actos, como jefe de Estado, como jefe de gobierno y como suprema autoridad administrativa (art. 189 Cons. Pol.), puede obrar con tenacidad y perseverancia, aun para despedir a 40.000 servidores públicos, pero en la concepción que de las Naciones Unidas tiene, Colombia está quedando como un zoquete. Si ninguno de los consejeros de Palacio o si ninguno de los ministros es capaz de informarle al presidente Uribe, para qué fue creada la ONU, ya es hora de que algún amigo suyo, de aquellos que hayan cursado tercero de bachillerato (8º. grado) lo haga en el tono más mesurado y coloquial. "Hombre, Álvaro..., mirá mijo..., no la embarrés más, negrito..." o como acostumbren a decirle los amigos a quien hoy simboliza la unidad nacional (art. 188 Const. Pol.).
Pero si nadie se atreve a hablarle al presidente Uribe, por temor a que éste se enoje, que alguien le obsequie un librito -bueno, ni tan librito, 379 págs.- que se titula A B C de las Naciones Unidas. Si no se encuentra en el mercado colombiano, lo venden en la librería de la Biblioteca de las Naciones Unidas, ahí en Nueva York. El embajador Giraldo puede cumplir esa misión: comprarle al Presidente el valioso regalito. La patria se lo agradecerá. Es cosa de información: saber que en Colombia existe un conflicto interno y el papel que la ONU puede jugar para ayudar a resolverlo. Que existe un conflicto doméstico, nos lo recordó, en la lucidez de sus noventa años, el ex presidente López. Y que la ONU se creó para promover la paz, lo enseña el libro en mención.
La obsesión de Uribe por endilgarle tareas imposibles a la ONU, no es de ahora. Se recordará que desde cuando era gobernador de Antioquia clamaba porque a nuestro suelo llegaran los Cascos azules. Y aunque en junio del año pasado le pidió al Secretario General de la ONU que ejerciera sus buenos oficios en el conflicto colombiano, el 3 de octubre de 2002 volvió a insistir en los Cascos azules, pero con una modalidad que ese Organismo Internacional no puede patrocinar. De acuerdo con lo que la opinión pública conoció en ese momento, consistía en que tropas colombianas comandadas por las Naciones Unidas acompañaran a los desplazados en el regreso a sus hogares.
En sus grandes desvelos, el presidente Uribe logró que 18 de los 19 países del Grupo de Río, el 23 de mayo, en Cuzco, Perú, pidieran a la ONU, que ésta diera un ultimátum a las FARC. Y como el Secretario General, no puede conminar a nadie, tan sólo dijo: "Se toma nota con interés". Esta respuesta sacó de casillas al presidente Uribe y el 19 de junio en Costa Rica, reclamó airado: "A ratos Naciones Unidas da la impresión de que le tiene miedo a las descalificaciones que los grupos violentos de Colombia le hagan". Y agregó: "Espero que la petición del Grupo de Río produzca una profunda reflexión en Naciones Unidas".Y seguramente, Kofi Annan ha reflexionado profundamente, no sin antes sonreír a nuestras espaldas, porque uno de los principios de la Carta de la ONU dice: "Las Naciones Unidas no podrá intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados". En Colombia también sonrieron los expertos. Y, es mejor sonreír a morirse de rabia.
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