El estado y la sociedad como agentes educativos

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A la familia y la escuela como agentes directos de la educación, es preciso agregar los dos agentes indirectos: El Estado y la sociedad. El primero no como ente abstracto, amorfo e invisible sino a través de sus instituciones, unidades u oficinas y, más concretamente, a través de las personas físicas que desarrollan las tareas visibles, la burocracia, es decir, los adultos, en quienes siempre se fijarán el niño  y el joven. Cuando se habla del Estado, se hace referencia a las autoridades que realizan las tareas en todas las instituciones que conforman su estructura y funcionamiento: ministerios, ejército, policía, justicia, congreso y el más alto magistrado, sea éste presidente, rey, primer ministro.

De muy poco servirán el hogar y la escuela, aunque sean manantiales de formación y sabiduría, si el niño, el joven y el hombre adulto tienen, delante de sí, una sociedad anarquizada, descompuesta, que todos los días y a cada instante les está entregando mensajes contradictorios. Igual sucede con el ente abstracto denominado Estado, que sólo es sujeto activo de alguna acción u omisión por las personas naturales que actúan detrás  de él o de sus instituciones. Difícilmente se encontrará una sociedad perfecta con un Estado en crisis o, al contrario, un Estado perfecto con una sociedad en crisis. Estos dos agentes educativos son correlativos y simbióticos el uno del otro, y cada uno ejercerá un papel negativo o positivo sobre el hombre, mientras éste viva.

El  papel del Estado como agente de la educación es polifacético: asignando recursos, organizando y vigilando el sistema educativo, preparando los maestros y a quienes van a formar a los maestros; en fin, sirviendo como paradigma a través de las personas naturales que ocupan la alta burocracia. Si éstas tienen un comportamiento corrupto y vergonzoso, esa conducta es transmitida por vía de ejemplo al niño, al adolescente y en general a todos los miembros de la sociedad. El más importante de estos adultos debe ser el responsable estatal de la educación: ministro o secretario. Ese funcionario no puede ser escogido al azar, como se hace siempre. Quien ocupe ese cargo  debe ser alguien que se haya formado para la educación, que tenga en su conciencia todos los instrumentos psicológicos, sociológicos y antropológicos necesario, para que, a su vez, pueda transmitir, con su magisterio y con su ejemplo, esos conocimientos a quienes de manera directa tienen que enfrentarse con el niño: los padres y los maestros.

Cuando se menciona la sociedad, quedan incluidos en este concepto todos los grupos sociales que la integran: iglesia, empresa privada, deporte, partidos políticos, centros educativos. En la práctica se suele dar una definición errada de sociedad, asignándole unas veces un mayor alcance desde el punto de vista de la población y,  otras, disminuyendo su significado para referirse a grupos secundarios. En el primer caso se habla de la población total de la Tierra, y así se dice, con mucha frecuencia, "sociedad mundial". En el segundo caso, se usa el término "sociedad" para referirse a agrupaciones de tipo comercial, asociaciones o fundaciones que no son otra cosa que grupos secundarios que realizan alguna función social.

En suma, ¿qué hay dentro de la sociedad como agente de la educación? Todos los factores que de una u otra manera influyen  en la formación del hombre. Las clases sociales, las comunidades, las culturas, las pautas de conducta y los valores, así como todos los grupos sociales que integran la sociedad: iglesia, empresa privada, deporte, partidos políticos,  movimientos disidentes, sindicatos, corrientes del pensamiento, centros educativos. Y lo que la comunidad educativa espera de todos estos factores sociales es el envío de mensajes en un mismo sentido.

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