La universidad de hoy
Para contribuir en la "revolución educativa" en la que está "empeñado" el presidente Uribe, formulo algunas inquietudes. La universidad de hoy será la etapa donde el joven va adquirir los conocimientos fundamentales para ubicarse al servicio del Estado o de la empresa privada. En consecuencia, serán dos sistemas totalmente diversos, pero de libre discusión e investigación ambos. Quien haya optado por la empresa privada, además de las materias técnicas de cada una de las áreas del conocimiento, adquirirá todas las habilidades y audacias para dirigir una empresa y acrecentar la riqueza dentro de marcos éticos, si es que la ambición de hacer dinero admite algún principio ético. Dentro de una visión globalizada de la información, la ciencia y la tecnología, el joven universitario se preparará en asignaturas tales como alianzas internacionales, análisis de mercados externos, exportaciones, mercado de capitales, finanzas internacionales y comercio electrónico.
Quien se haya decidido por la función pública tendrá que dedicarse a conocer el Estado, no sólo desde su origen y a través de los más diversos sistemas políticos que se han desarrollado en el mundo a lo largo de toda la historia, sino mediante las asignaturas propias de cada una de las ramas y los órganos del poder público, incluyendo ciencia y tecnología, pues no sólo debe de estar preparado para dictar reglamentos y hacerlos cumplir sino también para realizar el control técnico, científico y de calidad de los bienes y servicios que van a prestar tanto el Estado como la empresa privada.
Con motivo de la revolución de la informática y de las telecomunicaciones, se ha llegado a plantear que los procesos educativos de discusión presencial entre maestro y alumnos, adelantados con tanto éxito desde Sócrates hace dos mil cuatrocientos años, son un asunto de arqueología educativa; que lo de hoy es el inmenso salón virtual, donde miles y miles de alumnos, sin moverse de su alcoba, reciben las conferencias de un solo profesor, el cual, con el método socrático, apenas podría llegar a quince o veinte discípulos. Y les asiste razón a quienes valoran el tiempo y la distancia instantáneos y se hallan provistos de su caja de acrílico conectada a un teléfono. Sin embargo, nada podrá reemplazar al equipo humano que se forma entre maestro y estudiantes, aun en la incomodidad y la pobreza de los países pobres. El afecto y la calidez constituyen el éxito de la eseñanza-aprendizaje, la voz efusiva y amable, o fuerte y orientadora cuando se necesita, el guiño de picardía y la nota de humor cuando el grupo más los espera para relajarse un poco. Así debe ser el maestro: una persona que no se enfade y pierda el control, pero que sea oportuno y categórico en sus decisiones.
Pero el maestro presencial no puede descartar la informática y las telecomunicaciones como instrumentos, como una ayuda en el proceso educativo. De hecho, son muchas las experiencias educativas en las que la tecnología es el principal instrumento: Teleduco 2000, de Brasil, y Red Inter Escolar de Comunicación Enlaces, de Chile, son dos casos bien representativos del uso de la tecnología en la educación latinoamericana. Teleduco 2000 (TC2000) se inició en 1995 y es un programa de educación básica que opera mediante dos modalidades: la primera se recibe directamente a través de la televisión, con el apoyo de textos y la realización de ejercicios propuestos; la segunda es una telesala a la que concurren los alumnos para tomar las lecciones y se puede constituir en una escuela, en una empresa, en un sindicato, en una iglesia o en cualquier asociación comunitaria. En casos como el de Brasil y Chile, es indispensable formar al maestro y a toda la unidad escolar en el manejo de la tecnología para optimizar estos recursos. De nada sirven los equipos tecnológicos, si no hay quien los maneje.
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