El asedio de las Farc a la democracia local
Durante los últimos quince años Colombia logró un avance cualitativo en la descentralización territorial: tener autoridades propias. Ahora esas autoridades, escogidas por las colectividades seccionales y locales son hostigadas por las Farc. La alternativa es renunciar o convertirse en objetivo militar, y esto último significa secuestro o asesinato. El balance de la perversa estrategia no puede ser más desolador: 463 alcaldes amenazados, 222 han renunciado y 35 municipios se hallan sin autoridad, el alcalde de Solita (Caquetá) asesinado y seis secuestros intimidatorios. A estas acciones debe agregarse dos golpes a la democracia de los dos departamentos más importantes del país: el gobernador de Antioquia y la mitad de la Asamblea del Valle se hallan en poder de las Farc. Los alcaldes y gobernadores han pedido protección al gobierno nacional y éste se encuentra impotente para hacerlo de manera efectiva, recurriendo solamente a la disposición de chalecos antibalas, más agentes del Das, la oferta de pistolas y subametralladoras para los mandatarios locales y altas recompensas para quienes entreguen a los líderes insurgentes.
Sobre este delicado tema han opinado muchas personas, nacionales y extranjeras, y los puntos de vista, como es natural, son muy variados. Algunos preguntan por qué el gobierno no previó esos riesgos antes de romper el diálogo con las Farc. La vocería de Estados Unidos en este punto la han tenido, su embajadora en nuestro país, Anne Patterson y el subsecretario de Estado, Otto Reich. Este último dice que la solución de ofrecerles seguridad a los funcionarios locales para protegerlos de las amenazas de las Farc no es la respuesta correcta, que lo indicado es llevar la guerra al terreno de la guerrilla, para aislar a los grupos insurgentes. De acuerdo con la propuesta de Reich, se imagina uno, que Colombia debe abrir unos 463 frentes de guerra, es decir, uno por cada alcalde amenazado. Y los más profundos analistas han puesto de presente la aguda y efectiva acción de las Farc para poner en jaque al Estado. Les parece supremamente audaz y barata, porque basta que un solo insurgente mande un papel y con éste logra sembrar el pánico en toda una región.
Es posible que las Farc hayan descubierto una mina de oro. Sin embargo, lo único que se observa es que en la guerra, como producto de la cultura, cada confrontación armada es una repetición mejorada de las anteriores. En ese sentido las Farc no han hecho sino copiar tesis y acciones que desgraciadamente ya habían hecho presencia en otros conflictos irregulares. La Primera Guerra Mundial también tuvo sus batallas irregulares y en el marco de éstas, Lawrence de Arabia comandó varias tribus beduinas contra el ejército turco, siguiendo el procedimiento de guerra de guerrillas y de esa manera derrotó al Imperio otomano. Es precisamente de Lawrence esta consigna de la guerra de guerrillas: “En la guerra irregular, que dos hombres se reúnan es un desperdicio de cada dos”. Para el estratega británico, en este tipo de guerra, la acción aislada, la forma simple, la moral a toda prueba y la iniciativa de cada combatiente, es lo que cuenta.
Otro ejemplo que están copiando las Farc y que los expertos estadounidenses tienen por qué saber mucho, es el del Vietnam. En el contexto de este conflicto asiático, el Frente de Liberación Nacional Vietnamita (FLNV) desencadenó una feroz campaña, cuyo objetivo era destruir la estructura del gobierno local, y en cinco años asesinó a 7.500 funcionarios municipales y provinciales.
Y en medio del desconcierto, las víctimas también opinan. Quince de los 23 alcaldes del oriente antioqueño, aconsejan recurrir a experiencias que han dado buenos resultados, como el acercamiento humanitario con el Eln, las Auc y las Farc. Los 47 alcaldes del Tolima y su gobernador, Guillermo Alfonso Jaramillo, así como el vocero del gobernador del Cauca, José Fernando Pito, optan por el diálogo y la salida negociada al conflicto. Lo sensato sería tener en cuenta su punto de vista.
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