Trabajo sobre trabajo trabaja
Este no es un juego de palabras del presidente Uribe, sino un principio básico del filósofo del trabajo, Hesíodo (siglo VIII a. C.), cuyas enseñanzas es bueno evocar con motivo del primero de mayo. El trabajo es la primera manifestación del hombre, la primera fuente de riqueza y el punto de partida en la formación del Estado. Mucho antes que otras actitudes o conductas, que hoy son causadas por las emociones, como el llanto y la risa, lo más próximo en la evolución del ser humano es el trabajo. Supone el trabajo un esfuerzo humano, una especie de comunicación inteligente del hombre con las cosas, que imprime a estas el sello representativo de la personalidad del trabajador, pues éste aplica en ellas no sólo la fuerza física, sino también la intelectual. Aun el operario de más bajo rango realiza su oficio de una manera inteligente, procediendo con conocimiento del fin que se propone.
El trabajo es determinante en todo el desarrollo individual del hombre, así como en sus múltiples relaciones sociales. Lo fue hace miles de años y lo es hoy: desde las más rudimentarias herramientas de piedra hasta las grandes obras de arquitectura y pintura; desde la carreta tirada por bueyes o caballos hasta el avión, la computadora y la internet. Cosas todas, que evocan de manera más fácil el trabajo del hombre que al hombre mismo, con todas sus miserias y sus glorias. Afirmar estas cosas es obvio; pero como lo obvio, precisamente por serlo, suele olvidarse, es mejor ponerlo de presente: hoy no hay absolutamente nada de que disponga el hombre que no sea producto del trabajo. Más allá de su piel, si aún no ha sido intervenida por el bisturí quirúrgico o plástico, todo lo que el hombre usa para satisfacer sus múltiples necesidades tiene incorporada la fuerza, la inteligencia o la acción humanas.
Aunque Hesíodo formula algunas ideas sobre el gobierno de la ciudad, la finalidad del poeta griego, en su obra Los trabajos y los días, no es dar orientaciones políticas sino hacerle una exhortación a su hermano Perses para que éste se dedique al trabajo en vez de inventarse pleitos; y lo hace a propósito del disgusto que surgió entre ambos por la herencia que les había dejado su padre. En el poema, que tan sólo consta de 828 versos, habla de la envidia que sienten los hombres, de la familia pero, esencialmente del trabajo, indicando las clases de oficios y el día que es más apropiado para cada actividad. Tal es el propósito central de su obra: darle una serie de consejos personales a su hermano para que trabaje, obtenga riqueza y haga más agradable su vida. "Oh Perses -le dice-, tú esto pon en el ánimo tuyo y la justicia escucha y la violencia olvida del todo".
El trabajo es la primera herramienta de la economía y, en consecuencia, también la primera fuente de riqueza de una persona o de un grupo social, y del bienestar de una sociedad. Según el poeta Hesíodo, sólo mediante el trabajo los hombres pueden llegar a ser ricos en rebaños de ganados y en otros bienes; aunque el ocioso puede sentir envidia porque el hombre laborioso llegue a acumular riqueza. No importa que los ingresos del trabajo inicial sean pequeños, si se trabaja con tesón y perseverancia, pronto esas pequeñas cosas se volverán grandes, pues para Hesíodo no hay alternativa distinta al trabajo. Si alguien siente ambición por la riqueza, si una persona se siente entusiasmada o incentivada por esa motivación, no tiene sino que trabajar, y en caso de que aún le quede tiempo debe seguir trabajando si su anhelo es llegar a acumular una gran fortuna. Ésta es la reflexión final sobre la riqueza, expresada, además, con toda la inspiración y la belleza del cantor, y con toda la fuerza y la convicción del campesino genuino, del labrador de Beocia. "Para ti, si la riqueza el corazón anhela en tu pecho, así obra: y trabajo sobre trabajo trabaja".
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