Platón, estanislao zuleta y la iglesia
No hay tema del hombre, de la sociedad y del Estado para el cual no tenga aplicación práctica el discurso del pensador ateniense tan calumniado por idealista. Claro se le calumnia porque se le desconoce. En Colombia quien más se ha acercado a Platón es Estanislao Zuleta, el único filósofo de dedicación exclusiva que ha tenido nuestro país en toda su historia. Si en alguna época se desea encontrar un pensador de verdad en Latinoamérica, es preciso buscarlo en Colombia, en la segunda mitad del siglo XX, entre las ciudades de Medellín, Bogotá y Cali. Aunque escribió artículos y conferencias, Zuleta al igual que Sócrates nunca se preocupó por dejar una obra escrita, pero en cambio conversó durante cuarenta años. Para Zuleta conversar era una fiesta, una fuente de inspiración. Transcurridos más de doce años de la muerte de Zuleta, aún no se conoce toda su obra, pues fueron muchas sus conversaciones y es necesario buscar a sus contertulios, alumnos y compañeros de trabajo para escudriñar el pensamiento del maestro. A los veinticuatro años comenzó a dictar clase en la universidad Libre de Bogotá, y adicional a su cátedra de horario, los sábados en la mañana, hablaba de Platón. El aula se llenaba completamente. Jamás sobraban sillas con Zuleta. Pero para oírlo sobre Platón, la audiencia aumentaba.
Para el más calamitoso de los pecados capitales que azotan a Colombia, es aplicable un pasaje del diálogo Gorgias de Platón. Los dialogadores son Sócrates, Clalicles, Querefonte, Georgias y Polo, y versa fundamentalmente sobre la retórica. El momento crítico para el diálogo, que lo es también para la filosofía, se presenta cuando Calicles se niega a continuar la discusión, y le manifiesta a Sócrates que no le interesa absolutamente nada lo que éste dice. Sócrates le pregunta a su contumaz interlocutor, cuál será el rumbo de la conversación, y Calicles poseído de soberbia le deja tres opciones: terminar la conversación ahí, continuarla con otro o seguir hablando solo: pregúntate y respóndete tu mismo. Este momento crucial de la filosofía, es parecido al 20 de febrero del año en curso, cuando el presidente Pastrana, se negó a seguir conversando con las Farc.
Ahora, al igual que en la obra de Platón citada, aparece otro Gorgias (uno de los conversadores) que le dice a Colombia, un momento, no nos vayamos del todo a los extremos, todo no puede ser caos. Es la Iglesia Católica. En la Conferencia Episcopal se ofrece a servir de mediadora, entre el gobierno y la guerrilla, y el día de su instalación su presidente saliente, Monseñor Alberto Giraldo dice que el diálogo y la negociación es el único camino realista y adecuado para el momento que vivimos. La nueva directiva del Episcopado colombiano tiene la madurez, la experiencia y el equilibrio necesarios en el conflicto social y armado que afronta nuestro país. Monseñor Pedro Rubiano, arzobispo de Bogotá, vuelve a ocupar la presidencia, pues lo había sido en 1990, y representa el pulso firme de la nueva directiva. Los otros dos dignatarios conocen de cerca el drama de la guerra. Monseñor Luis Augusto Castro (vicepresidente), fue Vicario Apostólico de San Vicente del Caguán y pieza fundamental en el diálogo para la primera liberación de los soldados retenidos por la guerrilla en Las Delicias y Juradó en 1996. Monseñor Fabián Marulanda, (secretario) es arzobispo de Florencia y por tanto conocedor como el que más de la situación de orden público que vive día a día esa zona del país.
Una vez ha dejado su alta investidura, Monseñor Alberto Giraldo ha reiterado que por más radical que sea el pensamiento del adversario, uno valora, analiza y aprende de él. Y bajo la nueva responsabilidad Monseñor Rubiano ha dicho, que siempre ha creído que no es con la guerra y con el desangre como se hace la paz. Ante la insistencia de la Iglesia, si Zuleta viviese repetiría el mismo consejo que solía señalar frente a la guerra: no vencer sino convencer. Y Platón encontraría realizada su obra de retórica, si Calicles volviese al diálogo.
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