Revolución educativa 1

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Es conocida en Colombia y seguramente en buena parte del planeta, la promesa electoral del presidente Uribe de hacer una "revolución educativa". Al explicar esta promesa la señora ministra de Educación, Cecilia María Vélez, dice que "es una revolución porque todo el sistema se pone al servicio del niño y del joven" (Semana No. 1.081). El editorial de El Mundo (09-01-2003)  pone de presente que todavía tres millones de niños y jóvenes están esperando un puesto en las instituciones oficiales, pero destaca la intención de la Ministra de reducir a la mitad ese déficit. Por su parte el columnista Francisco Cajiao señala que para que haya una revolución de cualquier naturaleza, es necesario un debate público y la generación de una polémica, y que en lo que tiene que ver con la educación, hasta el momento no ha surgido esa controversia y que el propio Cajiao se ha quedado bailando solo (El Tiempo, 14-01-2003).

 

Para intervenir en el debate, si es que algún día se presenta, se podría comenzar por decir que la educación fue tanto para los clásicos griegos como para los tigres asiáticos, el principal instrumento de desarrollo político y de avance tecnológico. La educación es ‘la única cosa grande', dice Platón en el libro VII de la República, y después se rectifica y agrega, ‘en lugar de grande suficiente'; y el mismo pensador ateniense en el libro VI del diálogo Leyes, enseña  que si el hombre obtiene una correcta educación y un medio ambiente propicio llega a ser el animal más divino y manso, en cambio si no se le educa  o  se le educa mal, es el más salvaje de los que engendra la tierra.

 

Durante los últimos diez años se ha hablado mucho  del "milagro de los tigres asiáticos", pero el milagro no lo hizo un dios sobrenatural sino la educación. Para citar un solo ejemplo, Corea del Sur una vez que terminó la guerra con Corea del Norte, lo primero que hizo fue derrotar el analfabetismo, pasando de 3.000 escuelas a 20.000, y de un millón quinientos mil estudiantes a once millones quinientos mil.

 

Siendo la educación la única cosa grande o suficiente, no se explica por qué razón en la mayor parte del mundo ha permanecido rezagada, olvidada, como algo secundario o subsidiario, pues no ha avanzado tanto como las ciencias físicas y naturales. Teniendo en cuenta que la educación es el instrumento que hace del hombre un ser manso y divino, o la más feroz de las fieras, y la herramienta que conduce o encamina al niño y luego al hombre en su formación para afrontar los retos de la vida, todo programa de gobierno debería contemplar en primer lugar la educación. Pero no es así, y en ocasiones ni siquiera se menciona. Seguramente se piensa que la educación es un tema del que sólo deben ocuparse los maestros que exigen mejores salarios y prestaciones sociales, mas no el presidente que tiene los retos de la guerra, de la economía y de la política internacional. Error garrafal. Un pueblo sin educación estará sometido siempre al engaño y a la tiranía.

 

Precisamente por su importancia, al tratar el tema surge un mundo de preguntas. ¿Educación preescolar? ¿Educación primaria? ¿Educación universitaria? ¿Educación para la investigación, la ciencia y la tecnología? ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Oficial o particular? ¿Desde cuándo y hasta cuándo se imparte? ¿Cuáles son sus métodos y actitudes? ¿Presencial o virtual? Para no permanecer al margen de esta "revolución" y para no dejar bailando solo a Cajiao, prometo en varias notas,  referirme a estas preguntas: ¿Para qué se educa? ¿Qué se enseña? ¿Por cuenta de quién se educa? ¿A quién se educa? ¿Cuándo se educa? ¿Cuáles son los agentes de la educación? ¿Cómo se educa? ¿Con qué presupuesto se educa?. Todos estos interrogantes  guardan íntima relación unos con otros. Su esencia es una sola: la educación vista de manera sistemática y universal.

 

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