Referendo y moral
La campaña por el referendo arrancó prematuramente y el ministro Fernando Londoño, ya se apresuró a proclamar la victoria. "¡Claro que vamos a pasar de largo, a galope tendido, por los seis millones de votos que se necesitan!" El ministro Londoño y el presidente Uribe que saben de caballos de galope, de paso fino y de trote, también deberán saber que no se puede ensillar antes de traer las bestias. Nadie sabe qué va a suceder en la Corte Constitucional, ni siquiera sus magistrados, porque todavía no conocen el proceso. La Corte puede declarar exequible toda la ley o parte de ella, o pronunciarse contra todo el articulado. Y entonces, ahí quedan los laureles del ministro Londoño.
La clase trabajadora, algunos congresistas del Polo Democrático y del Liberalismo, sectores independientes y muchas ONG, han optado por la abstención y han pedido que el Estado, en igualdad de condiciones con la campaña por el referendo, financie la publicidad para oponerse a ese mecanismo. Y todos dan sus argumentos. El referendo es un remedio peor que la enfermedad (Lucho Garzón), no se trata de la indiferencia por la votación sino de una ‘abstención activa' (Carlos Rodríguez-CUT), el referendo es tramposo y se convierte en plebiscito (Carlos Gaviria), el referendo que Uribe prometió al pueblo no es el que ahora se ofrece (Navarro), la abstención también es un derecho político y éste tiene el rango de fundamental (Piedad Córdoba).
A todos los anteriores argumentos se podrían agregar otros. La verdadera antítesis al referendo es el no referendo, y el no referendo es la abstención. Si el referendo llega a darse porque la Corte Constitucional declara exequible la ley que lo convoca, dejarlo solamente en el "sí" y el "no", es permitirle al Gobierno que le diga al pueblo: "Con cara gano yo y con sello pierde usted". Para que el Gobierno no gane con las dos caras de la misma moneda, la dialéctica elemental enseña, que de una parte están los votos que se emiten por el referendo y de la otra los votos que se niegan, es decir, la abstención. Pero Londoño, dice que financiar la abstención es inmoral y subversivo. A diferencia del ministro Londoño, el presidente Uribe ha dicho que "hay que darle oportunidad a todo el mundo" (revista Cambio No.498).
Es esperanzador para la democracia colombiana, que la oposición no quede únicamente en manos de las FARC, del ELN y del ERG, sino que se proyecte en un movimiento amplio, donde confluyan fuerzas de distintas vertientes. Pero al mismo tiempo es de la mayor preocupación, que el Gobierno pretenda negar el derecho en torno del cual los movimientos disidentes se congregan. En efecto, durante los ciento ochenta y cuatro años de vida electoral en Colombia, la abstención no ha tenido poder decisorio. Con mil, con un millón o con cinco millones de votos han podido salir elegidos los presidentes de la República y los miembros de las corporaciones públicas, porque la abstención no ha contado para nada. La única vez en la historia de Colombia en que la abstención puede disponer, es ahora en el referendo. Y cuando la abstención tiene la facultad de decidir, el ministro Londoño quiere cercenar también este derecho.
Sin embargo, el más hondo desasosiego e incertidumbre para la democracia, es que a quienes desean hacer uso del derecho a la abstención, se les tilde de inmorales y subversivos. Un Ministro que ha mezclado el dinero con el poder y no ha definido sus problemas con la justicia, ¿tendrá conciencia moral para impartir lecciones de moral a los ciudadanos? Es la seudo moral o moral egoísta, individualista y autoritaria. Es el abuso y degradación de las palabras. Según las proyecciones de Londoño, los promotores de la abstención pueden pasar de inmorales a subversivos y de subversivos a terroristas. Y de ahí, que Dios nos tenga de su mano.
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