Liberalismo hoy. opción de cambio o agónica supervivencia
Con el mismo título de esta nota publiqué un libro que presentó Luis Carlos Galán en la Biblioteca Nacional, el 18 de noviembre de 1985. Vivía entonces el liberalismo la última división ideológica del siglo XX -Oficialismo y Nuevo Liberalismo- y muchos pensábamos que las condiciones estaban servidas para que el Nuevo Liberalismo, junto con otras fuerzas pudieran promover los cambios de fondo en la sociedad colombiana. Esas condiciones favorables eran: la derechización de los partidos tradicionales, los aires democráticos después del Estatuto de Seguridad, las actitudes políticas de algunos movimientos guerrilleros, el fracaso de las estructuras imperantes y la presencia organizada de un movimiento liberal. Sin embargo, la coalición del Nuevo Liberalismo con otras fuerzas políticas no fructificó, ganó de manera abrumadora el Oficialismo Liberal y lo que se impuso fue la agónica supervivencia del liberalismo.
Diecisiete años después de aquella división, la corriente mayoritaria del liberalismo -el Oficialismo- se encuentra nuevamente ante las dos opciones: acelerar su agónica supervivencia aproximándose a la coalición de derecha que hoy gobierna a Colombia para ayudarle a golpear al pueblo, o propiciar un amplio movimiento democrático que promueva los cambios radicales que se necesitan con urgencia.
Dos preguntas pueden ayudar a orientar la opción que ahora le conviene al liberalismo. ¿Hay quién pueda encabezar ese amplio movimiento democrático? ¿Existen condiciones favorables? Es evidente que los dos ingredientes se hallan a la vista. El Partido Liberal cuenta con un líder, con la madurez y la experiencia, con la lealtad y el respaldo de los sectores populares: Horacio Serpa. Y en ningún momento de la historia colombiana, las condiciones habían sido tan propicias como ahora.
En efecto, las grandes masas excluidas, bombardeadas y desplazadas están a la espera de que alguien las convoque, las organice y las conduzca en un proyecto político. La coalición de extrema derecha que gobierna país desafía y amenaza a sus propias huestes en el Congreso y arrasa sin compasión con los derechos laborales, sociales y políticos de los sectores que históricamente han acompañado a la corriente democrática del liberalismo. Han fracasado estruendosamente las recetas neoliberales. Hay ausencia de un movimiento organizado de oposición. Los aires renovadores en el resto de América del Sur son propicios. Y finalmente, se cuenta con la influencia universal del Foro Social Mundial. ¿Por qué este país de tantas luchas populares tiene que ser la excepción en el continente Suramericano? ¿Por qué el sector avanzado del liberalismo tiene que estar a contracorriente de la historia?
Para responder estas preguntas hace falta resolver otra incógnita. ¿Serpa quiere asumir el papel histórico y propiciar el cambio o prefiere apresurar la agónica supervivencia del liberalismo? En sus más recientes declaraciones el líder liberal ha dicho que al aceptar la embajada en la OEA no ha renunciado a la política. Pero no basta permanecer activo en la política, si es para tolerar la injusticia. No necesariamente tiene que ser candidato presidencial ni presidente de la República. Sólo debe estar con su gente.
El liberalismo colombiano como organización política hace parte de la Internacional Socialista, y aunque esta corriente del pensamiento ya no es ni la sombra de lo que fue durante el siglo XIX y hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia liberal -en la que milita Serpa- jamás podrá obtener el respaldo de los trabajadores, campesinos, estudiantes y clase media, si hace causa común con un régimen que les cercena los derechos a estos sectores de la sociedad.
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