De vergüenza en vergüenza
El jueves 7 y el viernes 8 de noviembre se escucharon frases lastimeras, luctuosas y de abatido patriotismo, provenientes especialmente de la cúpula del Ejecutivo. "No tenemos cómo ponerle la cara al mundo. Pero hicimos todo lo posible para evitarlo", dijo el presidente Uribe. "Es una vergüenza nacional. Un día de luto para el país", prorrumpió entre lamentos amenazantes el ministro Fernando Londoño. Y la actitud y las palabras de dolor transmitían un mensaje de extrañeza y horror, como si los voceros del Estado y del establecimiento, hubiesen aterrizado de otra galaxia en Colombia el 7 de agosto de 2002, y sólo hasta ese día hubiesen comenzado a controlar las palancas del poder y a tener conciencia de que el narcotráfico ha existido y está en plena vigencia.
A pesar de las actitudes y las voces de dolor, la salida de Gilberto Rodríguez de la cárcel, es una vergüenza jurídica, que a ciencia y paciencia quiso, diseñó y puso en marcha la dirigencia del país para congraciarse con los capos de la droga. Pero es una vergüenza atenuada frente a todas las anteriores. Por cuenta del narcotráfico y de dirigencia permisiva, nuestra sociedad ha vivido de vergüenza en vergüenza. Y sería bueno que los niños y los jóvenes lo supieran. ¿O es que ya se les olvidó a los conductores de la Nación, los negocios y los beneficios que recibieron de la mafia de la droga? Esta es una verdad que muchos callan y que quisieran borrar de la intimidad de su conciencia.
¿Cuántos caballos de paso fino de los narcotraficantes estuvieron revueltos con los caballos pares, de la "gente de bien" de Colombia en las grandes ferias, mientras sus dueños, también revueltos, departían en los mejores clubes, hacían la fiesta con las reinas de belleza y cerraban los negocios de caballos, novillos, haciendas y apartamentos? Juan Gómez Martínez, hoy senador, y entonces alcalde de Medellín, en declaraciones para El Tiempo, el martes 19 de septiembre de 1989, parece dar respuesta a la anterior pregunta. "En el tratamiento a este problema -dijo-, todos nos equivocamos y mucha gente honrada se apresuró a hacer negocios legales con los narcotraficantes para obtener mayores utilidades. En todo caso, si de lo que se trata es de tirar la primera piedra, nos llenarían el país de piedras. Los negocios del narcotráfico no han sido destapados, pues terminaría cayendo todo el mundo. Hasta ahora se han hecho escándalos a medias, pero sin tocar intereses de fondo. Si es guerra que sea total y que se destape todo".
Son tantas y tantas vergüenzas que hemos vivido los colombianos, por cuenta del narcotráfico que se necesitarían muchos volúmenes para contarlas con sus episodios y con los protagonistas que las causaron. En materia de humillación, no es fácil hacer la descripción de aquella lúgubre mañana del 22 de julio de 1992 y las 72 horas subsiguientes. Hablando en primera persona, todavía tengo en mi memoria la imagen que presentó la televisión a través de los vidrios del "salón de Crisis" del Palacio de Nariño: angustiado e impotente el presidente Gaviria se paseaba de un extremo a otro. Confieso que sentí tanta angustia, tanto desespero, tanta humillación y tanta vergüenza, como nunca antes ni después los he sentido. Y no propiamente por el hecho de saber que Pablo Escobar estaba por fuera de la Catedral, de su hotel de cinco estrellas o su club campestre como fue calificada su "cárcel" por la opinión nacional e internacional, sino porque en verdad, me sentí sin patria y sin autoridad.
Escobar escogió su cárcel y se entregó un día después de aprobada la no extradición. Eso lo sabemos todos. Pero hay un dato desconocido. El encerramiento de la Catedral en malla, no lo completaron. En la parte de atrás, pegado a la montaña, dejaron una puerta de un metro o uno con veinte. Cuando investigué la huida no medí el portillo. Pero Escobar no necesitó alicates para romper la malla. La fuga estaba planeada y aceptada.
Por lo anterior y por todo lo que falta por decir, no hay derecho a tanto aspaviento histriónico. El drama es tan sólo para agradar a la galería internacional.
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