El inútil papel de la guerra

Usar puntuación: / 0
MaloBueno 

Cada vez que un macabro hecho de guerra enluta nuestra población, -y  por estos tiempos todos los días son de guerra en Colombia-, golpea en la inteligencia esta  pregunta: ¿Para qué sirve la guerra? Y sin mucho esfuerzo dialéctico, la respuesta es: absolutamente para nada. La semana del 14 al 18 de octubre el turno fue para la Comuna 13 de Medellín:  250.000 personas afectadas, 25 muertos, muchos heridos y capturados. Y en lo que ha transcurrido del año, 439 personas han perdido la vida en esta Comuna.

Es cierto que, desde los primeros tiempos de la civilización, la guerra se convirtió en una fuente de riqueza; es cierto que la economía de guerra resulta supremamente rentable para los fabricantes de material bélico; es cierto que la guerra sirve para inflar en grado sumo la vanidad de muchos guerreros al permitirles ostentar en sus solapas y en sus hombreras la pesada quincallería  como reconocimiento a sus grandes y audaces batallas; es cierto que la guerra fue útil para hacer varias veces el reparto del mundo; es cierto que la guerra ofrece la oportunidad de que una minoría de hombres demuestre su vocación de servicio a las armas y a la muerte; es verdad que la guerra incita a los soñadores y quijotes de todos los tiempos y de todos los lugares de la Tierra a conquistar el poder por medio de la fuerza -y que a veces lo consiguen-; y también es verdad que en la guerra encuentran motivo de inspiración muchos historiadores, cantores, poetas, músicos y pintores.

A pesar de todas las certezas anteriores, y de muchas otras verdades, en plata blanca el papel de la guerra como empresa de la humanidad es el más inútil e inicuo. Tanto en el orden universal como en el doméstico, tan sólo destrozos físicos y espirituales y miseria total deja la guerra. Todas las alabanzas a la guerra, todos los gritos y presupuestos de guerra sirven para propiciar nuevos repartos del mundo o para buscar ascensos, honores o, simplemente, mejores salarios y prestaciones sociales de la alta burocracia militar. Esto podrá beneficiar a los fabricantes de armas y a unos pocos hombres de guerra, pero a la inmensa población del mundo sólo le acarreará más miseria y más odio, más guerra, más gritos de dolor y más presupuestos de guerra.

La solución a los problemas de la humanidad no se halla en los fusiles ni en las bombas, ni en las cárceles. Ningún ejército,  nación o imperio  ha ganado jamás una guerra. Todas las guerras las pierden todos aquellos que en ellas  participan, incluyendo a los vencedores. He ahí la contundente lección del Pirro, rey de Epiro, quien, habiendo derrotado a los romanos en la batalla de Heraclea en el año 280 a. C., exclamó: "¡No podré resistir otra victoria como ésta!".

En el transcurso de una guerra, sea ésta interna, internacional o gran conflagración, en el clímax de su fragor, hay momentos en que los cementerios carecen de espacio para los muertos y los hospitales se hallan saturados de heridos, mutilados, lisiados y deprimidos por el trauma que causan las matanzas. Los desterrados, los desplazados y los refugiados ya no caben en las grandes ciudades ni en los países vecinos; los intelectuales y periodistas que analizan el conflicto o difunden las noticias sobre el mismo se hallan exiliados; los puentes, las torres eléctricas y todos los edificios del Estado están en ruinas, y la opinión pública, manipulada por los guerreristas, está fatigada y atemorizada, pero, aun así, es capaz  de gritar: "¡No más guerra!"

En ese momento se ha perdido todo el entusiasmo por el lodo de la guerra. Entonces es la hora de iniciar la negociación. Si ésta es la realidad de la historia, ¿por qué antes de matarnos no se dialoga? Así se evitaría que cualquier tratado de paz se firmara sobre las ruinas. Nuestro país es bello pero tiene sus partes sombrías: pobreza, hambre, catástrofes, corrupción, pérdida de soberanía, accidentes de trabajo y de tráfico: ¿para qué continuar con algo tan lúgubre, como la guerra?

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Libros Publicados

Banner

Suscripción a Artículo

Actualidad


¿Acepta HTML?

CreativeCommons


Creative Commons License
Todo el contenido y las descargas de este sitio están publicados bajo una licencia de Creative Commons