La derecha extrema

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Según el ex presidente César Gaviria la derecha colombiana estaba buscando un líder desde hacía cincuenta años, y lo encontró en el actual jede de Estado. El Director Nacional del Liberalismo tiene razón: con contadas excepciones de centro-izquierda, son las élites derechistas las que nos han gobernado. Pero la de hoy, acumula en cabeza de sus gobernantes todos los vicios, los odios, las pasiones y las venganzas que caracterizan la cúpula del poder. Así, pues, la nuestra, es la derecha más conservadora, agresiva y violenta de Latinoamérica. Es la conclusión prístina que fluye de una mirada fugaz sobre Colombia. Si dividiésemos los dos siglos de independencia de Colombia en cuatro períodos de cincuenta años cada uno, los denominaríamos así: 1. Entre 1810-1860: anarquía de federalismo-centralismo. 2. Entre 1860-1910: declaración del federalismo puro y el centralismo autoritario. 3. Entre 1910-1960: enfrentamiento del pueblo conservador contra el pueblo liberal. 4. Entre 1960-2010: sociedad y Estado mafiosos de extrema derecha.

Durante el primer período y en la inmensa mayoría del segundo (1810-1902), es decir, durante todo el siglo XIX la élite derechista criolla se trenzó en nueve guerras civiles nacionales y setenta de orden local y regional. Lograr el poder o afianzarse en él, traicionando los ideales de los héroes de la Independencia, fue su razón de ser.

Representativo del segundo período (1860-1910) son cuatro hechos cuya autoría y responsabilidad son de la derecha decimonónica: institucionalización del federalismo puro (1863), la expedición de la Constitución más monarquita y autoritaria de Colombia (1886), la guerra de los Mil Días (1899-1902) y la pérdida de Panamá (1903).


Durante el tercer período (1910-1960) las élites derechistas de la política colombiana arrastraron al pueblo a matarse entre sí. Así, cayeron asesinados Rafael Uribe Uribe en 1914 y Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Entre 1946 y 1958, el campesinado conservador fue utilizado contra el campesinado liberal, en una orgía de incendios y matanzas. Es la época de "la Violencia".

El cuarto período (1960-2010) es el más ominoso, aciago y lúgubre de la historia de Colombia, porque en él se perdieron todos los valores del género humano. Las generaciones jóvenes, las que se asoman por primera vez, de manera empírica, a la sociología política de nuestro país, se podrán hacer estas o similares preguntas: ¿Qué sucede con la sociedad colombiana?, ¿por qué se desprecia tanto la vida y la dignidad humanas?, ¿por qué se han perdido tanto los principios y valores éticos? ¿por qué en vez de castigar al pillo, al malvado, al corrupto, al simulador, este aparece como el modelo y el arquetipo a seguir?, ¿por qué se habla de choque de trenes entre el Ejecutivo y la Corte Suprema Justicia, si lo que sucede es que a la Corte la amenazan, la hostigan, la espían y la persiguen el presidente de la República y todos sus dependientes por cumplir con sus funciones?, ¿por qué no existe una sanción política para los bandidos que han defraudado a la sociedad y al Estado?, ¿por qué las autoridades no educan con el ejemplo a los, niños, a los jóvenes y a los ciudadanos de Colombia en vez de inducirlos al crimen?, ¿por qué nos sucede todo esto?

He aquí la respuesta -en la que el ex presidente Gaviria parece acertar sin explicar sus causas-: porque durante los últimos cincuenta años, en Colombia se fueron incubando e imponiendo unos modelos de sociedad y de Estado mafiosos, liderados por los sectores más atrasados y derechistas de la política colombiana. Efectivamente, a partir de 1965 se coaligaron las mafias del narcotráfico y un amplio segmento de la clase política. Hacendados, caballistas, comerciantes y banqueros se beneficiaron de esa alianza político-mafiosa, que en 1981 creó los grupos paramilitares para asesinar disidentes del régimen. Así cayeron Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro Leongómez, y muchos líderes sociales y defensores de derechos humanos.

La suma de esas mafias -narcotraficantes, paramilitares y políticos corruptos- es lo que hoy tenemos: una extrema derecha dueña de todos los centros e instancias del poder, con unos gobernantes que empequeñecen y humillan al pueblo, a la sociedad y a las instituciones. Luis David, el pintor y constituyente de la Revolución francesa lo dijo de otra manera con relación a los franceses: "Se han convertido en cobardes, feroces y pérfidos, como su gobierno. ¡Oh verdad humillante! Tal era el francés de los tiempos pasados".


Sin embargo, los franceses ni pueblo alguno ha recibido tanta humillación e injusticia de la derecha gobernante como el nuestro. En efecto, como punto de referencia con otras sociedades del mundo se podrían hacer estas o semejantes preguntas: ¿en alguna sociedad del mundo se descubren en un mismo año 200 fosas de víctimas de un grupo paraestatal?, ¿en alguna sociedad del mundo un grupo paraoficial les impone a sus cuadrillas de matones la tarea de eliminar a mil personas cada quince días?, ¿algún Estado de derecho de la tierra le paga a una persona 5.000 millones de pesos por matar a otra?, ¿en alguna sociedad del mundo ocurren todos estos hechos de barbarie propiciados por la derecha gobernante en un solo contexto histórico?


¿Qué hacer con esta derecha recalcitrante e inhumana? Se debe convocar -el Pda tiene la autoridad moral y política para hacerlo- a toda la gente buena de Colombia, que es la inmensa mayoría: a los estudiantes, a los maestros, a los profesores investigadores, a las mujeres, a los intelectuales y a los científicos sociales para cumplir de inmediato dos retos: estudiar la patología social de esa alianza político-mafiosa que hoy domina a Colombia, y, reconstruir los valores éticos y los principios democráticos de nuestra nación. En suma tres tareas simultáneas: educación, investigación científica y relegitimación del Estado.

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