Uribe: una psicología de guerra
Hace falta que, en el marco del principio “conócete a ti mismo”, se haga un profundo estudio de psicología y psicoanálisis sobre la personalidad de quienes provocan, ordenan y hacen la guerra. La parafernalia de la guerra, la cultura de la guerra, que es factor crucial de la guerra misma, y la ambición de gloria de los guerreros despiertan una conducta, un comportamiento, un modo de ser, un entorno humano y social que se debe denominar “psicología de guerra”. Algunos guerreros, pensadores y gobernantes llaman “guerra psicológica” a esta conducta, pero este concepto se queda corto porque sólo se refiere a todos los métodos para incidir en las filas del bando contrario, para destruir su voluntad de resistencia y de lucha, y en segmentos importantes de la “población enemiga”, para minar el apoyo al ejército insurgente.
En realidad el concepto “psicología de guerra” comprende la conducta del propio guerrero y todas las acciones y comportamientos que afectan a todos los elementos humanos que se ven envueltos en un hostigamiento militar: honor, vanidad, fama, egoísmo, arrogancia, temor, odio, prepotencia, propaganda ideológica, amenaza, mentira, chisme, presión, rumor, etc. Esa psicología de guerra nubla la razón, doblega la sensibilidad humana y endurece el alma hasta el punto de llevar al sacrificio y perturbar el bienestar y la paz de todo un pueblo por los laureles que el comandante general de guerra ha de cosechar en el campo de batalla. Y tras el laurel, en pos de esa resplandeciente felicidad de la sangre y de la muerte, se despiertan las pasiones por la guerra, y muchas veces el guerrero cree que podrá ganar una batalla con el decidido y firme deseo de hacerlo, y en un arrebato de entusiasmo aspira ver tantos muertos, heridos y prisioneros en las filas enemigas, porque quiere comprobar, con aquella visión, el temple de su alma y la reciedumbre de su personalidad.
Esa conducta, ese comportamiento, esa psicología de guerra, en algunos guerreros linda con la locura y los hace sentir que son dueños de la tropa y de sus pueblos. Esa psicología de guerra es lo que motiva al general francés Andrés Beaufre a enseñar que “las operaciones han de conseguir un efecto psicológico en el enemigo y en la población [...]. Los combates deben ser útiles para el prestigio. Los fracasos han de ser ocultados o compensados con éxitos más importantes, destacándolos constantemente”. Es lo que hace Uribe: como la liberación unilateral de Jara y de los otros cinco rehenes de las Farc, pese a los hostigamientos aéreos, fue un éxito, empaña sus resultados descargando sobre los pacifistas de Colombia un sartal de señalamientos y de odios.
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