Carta abierta a las Farc

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Señores:           

Secretariado del Estado Mayor Central de las Farc-Ep.

Att. Comandante Alfonso Cano. 

            Con toda atención me permito solicitarles que, como una respuesta simbólica para la paz de Colombia y del mundo, al cierre de la cárcel de Guantánamo por parte del presidente Obama, liberen ahora mismo a todos los civiles retenidos por las Farc en las montañas de Colombia.

 

Para nadie es un secreto que Colombia se halla  bajo la órbita del Imperio estadounidense, y éste, al igual que todos los imperios, no puede dejar de intervenir, desde todo punto de vista: política, militar, comercial y culturalmente. Las preocupaciones imperialistas en los años sesenta del siglo XX las sintetizó muy bien John Fitzgerald Kennedy, así: “Hoy en día nuestras fronteras se encuentran en todos los continentes”. El Plan Patriota, es la continuación del Plan Laso, que se estrenó con la  “Operación Marquetalia”, en mayo de 1964. Sin la intervención del ejército estadounidense (tropa, aviones, tecnología), el presidente Uribe no habría invadido el territorio ecuatoriano donde  perdió la vida Raul Reyes, ni habría realizado la “operación Jaque”. En suma, el conflicto colombiano se internacionalizó de manera profunda a partir de 1998.

 

            Si en alguna empresa humana se utilizan los símbolos, es en la guerra. Por eso la guerra se hace con tropas, con fusiles, con tanques, con aviones, con bombas y con muchos otros artefactos, pero también con símbolos: banderas, escudos, himnos, canciones, tambores, trompetas, marchas y decisiones gubernamentales. La paz, como extremo dialéctico de la guerra, también tiene símbolos: olivos, palomas, palabras, lienzos blancos y decisiones. Los gobernantes, saliente y entrante del Imperio son diferentes: Bush confinó a unos sospechosos de terroristas en Guantánamo y Obama ordenó el cierre de esa prisión. Esta fue la primera decisión que tomó Obama, el miércoles 21 de enero de 2009. Veinte horas antes, el martes 20, había dicho: “Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio”. Fue un discurso preñado de símbolos y figuras poéticas, del que sólo examino aquí lo que tiene que ver con los males de la guerra y con la búsqueda de la paz.

 

            Son muchos los párrafos, frases y palabras del discurso que tienen que ver con el conflicto en que vive la humanidad. ¡Qué ironía! Ese conflicto, al menos durante los últimos doscientos años fue creado o  expandido por la gran nación que Obama, comenzó a gobernar en el frío invierno de 2009. El nuevo presidente de los Estados Unidos opta por valores diferentes a aquellos que caracterizan la guerra, como el miedo, la discordia, la mezquindad, los dogmas  y el conflicto: “Hoy nos reunimos –dice– porque hemos elegido la esperanza sobre el miedo, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que durante demasiado tiempo han estrangulado a nuestra política”.

 

            Muchas guerras estallan por el incumplimiento de la ley, en consecuencia el obedecimiento de las normas es garantía de paz. El primero en hablar del imperio de la ley fue Platón. Si la ley está dominada por el gobernante, si la legislación no tiene poder, “veo –dice Platón– la pronta destrucción del Estado. Pero en aquel en el que la ley fuere amo de los gobernantes y los gobernantes esclavos de las leyes, contemplo la salvación y que llega a tener todos los bienes que los dioses conceden a los Estados” (715d). En el libro VIII de las Leyes, dice sobre el imperio de la ley: “El que obedece la ley puede no llegar a percibir los sufrimientos que provienen de ella, pero el que la desprecia, sea culpable de dos castigos, uno y primero de los dioses, segundo de la ley” (843a). Obama prefiere ser esclavo de la ley y de los derechos humanos: “En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores […], redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos. Esos ideales aun alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia”.

 

            Bush por soberbia e irresponsabilidad invadió a Afganistán, y recurriendo a la “guerra preventiva”, atacó de manera agresiva a Irak. Obama rectificó el abuso del Imperio estadounidense: “Comenzaremos a dejar a Irak, de manera responsable, a su pueblo, y forjar una paz ganada con dificultad en Afganistán”. 

 

            Una de las herramientas para lograr la paz es la abolición de la injusticia social: menos pobreza, menos hambre, menos enfermedades,  y más alimentos, salud y educación para todos los pueblos. Por eso, el párrafo más representativo en relación con la desactivación de la guerra y de la construcción de la paz, es el siguiente:

 

            A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar  en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él. 
 
 

            Es el más representativo porque dijo muchas verdades juntas y las señaló para el Imperio que comenzó a gobernar, pero también para sus pares: para aquellos que construyeron imperios con las fuerzas, el sudor y la sangre de muchos esclavos, siervos y trabajadores industriales. El problema de la verdad es uno de los temas más trascendentales del género humano, así como uno de los conceptos centrales que ocupan la inteligencia de los pensadores. La injusticia, la miseria, el hambre, la guerra y la ruina de las sociedades se deben al ocultamiento de la verdad. En efecto, muchos hombres, quizá de buena fe, se guían por la falsedad, la ilusión o la apariencia, que son modos de negar la verdad y desconocer la historia. En cambio, otros, conociendo la verdad, la niegan, la ocultan o la tergiversan porque sencillamente obran de mala fe para defender sus intereses. Si los grandes líderes del mundo, incluyendo a los pastores de todas las iglesias y los tiranos, conocieran la verdad y actuaran de buena fe, se despojarían de sus vestiduras, sus armas, los bienes usurpados, y se irían a luchar hombro a hombro al lado de los desvalidos, de los miserables, los que carecen de voz y subsistencia.

 

             Lo más importante –y ahí está el valor simbólico– es que Obama no se quedó en las palabras. Coherente con el contenido de su discurso madrugó a gobernar: a concretar en hechos su discurso de posesión. Guantánamo fue hasta el 20 de enero de 2009 un símbolo de terror, que se materializó en una cadena de torturas: aislamiento, interrogatorios agotadores, ahogamientos.  Su artífice fue Bush, el señor de la guerra. Por esas celdas de tortura pasaron unos 700 detenidos, pero el 20 de enero de 2009 sólo quedaban 270, pues muchos fueron devueltos a su país de origen. Con la expedición de los primeros decretos, Obama derribó el símbolo del terror y construyó un símbolo de la paz, con el cual les envió un mensaje demoledor a todos los guerreritas del planeta: uno de ellos el presidente Uribe. “El gobierno Uribe va a tener que pensarlo dos veces antes de acusar de aliadas de la guerrilla a organizaciones internacionales dedicadas a la defensa de los derechos humanos […]. Obama no va a combatir el terrorismo a costa de lo que sea o de quien sea, y mucho menos a apoyar a aquellos que creen que esa es la forma de enfrentar las amenazas a la seguridad del Estado” (editorial de El Espectador, jueves 22 de enero de 2009). La única guerra que se libra en América, es la nuestra, pero con incidencia  internacional. A ese símbolo de paz internacional de Obama, las Farc podrían contestar con otro símbolo internacional paz: la liberación de todos los civiles retenidos. Esta actitud simbólica podría abrir procesos bilaterales de intercambio humanitario, y preparar el camino para futuras negociaciones de paz.  

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