Ninguna guerra es justa
Ninguna guerra es justa. A lo largo de las distintas épocas de la historia, cada generación de guerreros ha esgrimido una causa o ha inventado una teoría para justificar la guerra: la conquista del mundo para imponer la paz universal, la defensa de la ley, la conversión de masas para rescatar a los infieles y herejes e inducirlos a las auténticas verdades o creencias religiosas, el propósito de vengar un daño o una ofensa. Sin embargo, ninguno de estos pretextos puede justificar la guerra.
El deseo de ampliar el territorio y conquistar la gloria no es más que un insaciable apetito de ambición personal, motivado por los intereses y las pasiones del guerrero de turno, y el pretexto de promover la paz es el más inadmisible de todos, pues la paz que nace de la fuerza es simplemente una tregua fugaz. Después vendrán otras matanzas. La diversidad religiosa, la falta de fe cristiana y la potestad del papa, no pueden justificar la guerra, porque ésta atenta contra la libertad de conciencia. Y la venganza y el odio no justifican la guerra, pero si ponen de manifiesto la pobreza intelectual y dialéctica de quienes actúan motivados por esas pasiones.
La Declaración sobre la violencia, suscrita por veintidós científicos en Sevilla, España, el 16 de mayo de 1986, dice en su preámbulo: “El mal uso de las teorías y datos con los que se justifican la violencia y la guerra no es nada nuevo, sino que han sido elaborados a partir de la aparición de la ciencia moderna. Por ejemplo: la teoría de la evolución se ha utilizado no sólo para justificar la guerra sino para el genocidio, el colonialismo y la supresión de los débiles”. Si ninguna guerra es justa, entonces ¿dónde quedan la independencia de los pueblos y el rechazo a la agresión? Ningún pueblo colonizado o agredido puede renunciar a hacer valer sus derechos frente a la agresión de otro, pero en este caso la declaración de independencia y la defensa serán justas, mas no el colonialismo ni el ataque del intruso.
Luego, si como consecuencia del colonialismo y de la agresión se genera una guerra, ésta tendrá un origen ilegítimo e injusto. Con otras palabras, ninguna guerra puede ser justa para ambos bandos; y muchas veces dos antagonistas luchan injustamente para apoderarse del territorio y los bienes de un tercer Estado. No se pueden colocar en el mismo platillo de la justicia las guerras imperialistas, como la de Estados Unidos de Norte América contra Irak, y las luchas que libran los pueblos para alcanzar su liberación, como la de Argelia contra Francia. Pero en ambos casos hay un origen injusto. El ataque a Irak para asegurar el control sobre el petróleo en el Medio Oriente en la primera, el colonialismo en la segunda. Y en ambos casos la respuesta de los pueblos es justa: repudiar el ataque y erradicar el colonialismo. Toda comunidad política tiene derecho a la resistencia y al rechazo del agresor, pero ni siquiera en defensa propia Estado alguno está autorizado a responder de manera desproporcionada y destruir parte de la humanidad, como lo hace hoy Israel en la franja de Gaza. Por el contrario, todo Estado debe emplear a fondo todos sus recursos humanos y materiales, toda su inteligencia, sus conocimientos y su fuerza espiritual en la construcción de la paz.
| < Prev | Próximo > |
|---|
Suscripción a Artículo
CreativeCommons
Todo el contenido y las descargas de este sitio están publicados bajo una licencia de Creative Commons
Todo el contenido y las descargas de este sitio están publicados bajo una licencia de Creative Commons
Articulos Relacionados
- La mujer y la guerra
- Abolir las causas de la guerra es prioritario
- ¿Cómo terminar nuestra guerra?*
- El inútil papel de la guerra
- Los tucanos: el negocio de la guerra
- Atajar la dictadura es la opción
- Los imperios y sus guerras
- Platón y los males de la guerra
- Platón y las guerras intestinas
- El político según Platón
- Les voy a dar mucha lidia en la CPI: Uribe
- ¿Cuál choque de trenes?
- Año internacional de la papa
- Que caigan las caretas
- La universidad y la paz
- Selección cultural y conflicto
- Los falsos positivos
- Lecciones de las consultas
- Responsabilidad política
- Financiación de la investigación
- Las pirámides de Uribe
- Los problemas del agua
- La carta de los intelectuales
- Vuelven los paramilitares
- Los secuestrados por la guerra
- Ninguna guerra es limpia
- Ilegitimidad de la reelección de Uribe
- Ninguna guerra es humanitaria
- Carta abierta a las Farc
- ¿Qué significa el grito de la Independencia?
- Uribe: una psicología de guerra
- Causas del conflicto armado colombiano
- El deporte en los griegos: una mirada desde Platón
- Un vuelo fugaz sobre Colombia
- Varinia, la mujer de Espartaco
- Investigar es pensar
- Por el fortalecimiento de la educación pública en el siglo XXI
- Ocho años de concentración de poder
- La careta de la ley
- "Farcpolítica": otra tramoya del régimen
- La derecha extrema
- Tras de ladrones, bufones
- Los contextos donde se expidió la carta de derechos de la Constitución de 1991
Últimos artículos
- ¿Cómo terminar nuestra guerra?*
- El bicentenario del 20 de julio de 1810 en cuatro tiempos
- Una década perdida
- Introducción a la quinta edición de la Pequeña Política de Uribe
- Los contextos donde se expidió la carta de derechos de la Constitución de 1991
- Tras de ladrones, bufones
- La derecha extrema
- Video Hacia la relegitimación del Estado


