Lecciones de las consultas

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Un partido político es una asociación de personas, vinculadas entre sí por unos mismos ideales, dirigida a conquistar o conservar el poder, con el objeto de desarrollar un programa de interés general. El nacimiento y desarrollo de los partidos políticos  guarda íntima relación con el anhelo de participación de sus miembros, en el proceso de  toma de decisiones políticas o económicas por parte de clases, estratos y demás componentes de la sociedad. El afán de intervención de los ciudadanos se presenta de manera más intensa en los momentos de grandes transformaciones económicas y sociales, que afecten las estructuras de la sociedad en cuestión.
 

            La Constitución de 1991 se ocupó del tema de los partidos políticos y de la organización electoral en no menos de quince normas. En esas disposiciones se contempla el derecho de los ciudadanos a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político; la fundación, organización y desarrollo de los partidos y movimientos políticos; los mecanismos para obtener la personería jurídica; la financiación y sostenimiento; la utilización de los medios de comunicación; el ejercicio de la oposición, y por supuesto,  las consultas internas para elegir sus autoridades y para auscultar la voluntad de la militancia  en relación con los grandes procesos políticos nacionales e internacionales. La mayor parte de los principios constitucionales han sido desarrollados por disposiciones legales: una de las cuales (ley 130 de 1994), estatuyó las consultas internas de los partidos políticos. En el marco de esta normatividad, tres partidos políticos (Conservador, Polo y U) concurrieron a su consulta interna, el domingo 26 de octubre.

 

            Ese ejercicio democrático deja varias enseñanzas. La sociedad colombiana aún está muy lejos de crear un sistema de educación política y de asimilar una cultura para ese tipo de certámenes. Las propias autoridades electorales no están preparadas para desarrollarlos con eficiencia y celeridad. En efecto, la Registraduría no imprimió la cantidad de tarjetones indispensable, teniendo en cuenta el número de ciudadanos habilitados para votar y las proyecciones de los militantes de cada uno de los partidos que concurrían a realizar sus consultas. Tampoco suministró oportunamente la tinta a los jurados para que la utilizaran como señal de que los ciudadanos ya habían votado y no intentaran repetir el sufragio. Y lo más importante, faltó divulgación y pedagogía electoral, lo cual puso de presente lo distante que se halla el ciudadano medio de la consulta. Aun los altos funcionarios del Estado, solían preguntar con asombro ocho días antes del evento político: ¡Qué clase de votación es esta si no hace un año que se llevó a cabo la última!    

 

            En relación con los partidos que estuvieron en la palestra, las lecciones son simples. El Conservatismo se halla bien alimentado por la burocracia y el presupuesto del Estado, y los varones electorales ejercen una férrea disciplina sobre su clientela. Así obtuvo millón y medio de votos. La U, no alcanza a ser un partido político: es tan sólo una facción artificial creada por Uribe. El Polo, mantiene la votación de hace dos años, pero debe sintonizarse más con su militancia y con los simpatizantes que tiene en todo el país, si pretende ser la expresión socio-antropológica del pueblo y tener opción de ser gobierno y ser poder.

  

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