Los males de la guerra

El Centro de Investigaciones de la Universidad Libre, por intermedio del grupo Hombre-Sociedad-Estado, reconocido por COLCIENCIAS, Categoría “A”, viene adelantando una investigación en relación con el conflicto interno colombiano, bajo la denominación LOS MALES DE LA GUERRA. Colombia 1988-2008, y cuyos resultados serán publicados en un libro.

La estructura de la investigación comprende dos partes. La primera es el estudio teórico de la guerra como empresa o valor discutible de los pueblos: ya se encuentra concluida. La segunda parte, comprende los males –expresados en cifras– ocasionados por nuestro conflicto durante los últimos veinte años. Esta parte también está muy adelantada.

Sus puntos de vista no sólo enriquecerán este proyecto sino que le darán el rigor científico que exige toda investigación académica., y a ellos se les dará el crédito correspondiente en el libro que se publique.

Usted puede resolver la encuesta que aparece aquí y enviar su respuesta por este mismo medio. Si fuere necesario le pediré un encuentro personal para ampliarla o adicionarla. RB.

ENTREVISTA PARA LA INVESTIGACIÓN: LOS MALES DE LA GUERRA. COLOMBIA 1988-2008.

CENTRO DE INVESTIGACIONES. Un estudio realizado por la Universidad de Uppsala (Suecia) registra 111 conflictos armados en el mundo entre 1980 y 2000, de los cuales 104 eran internos y, de éstos, sólo uno considerado de “gran magnitud” en todo el continente americano: el de Colombia. Ese mismo estudio clasifica los conflictos internos en cuatro grupos: “conflicto armado menor”, cuando hay por lo menos veinticinco muertos en combate en el año; “conflicto armado intermedio”, entre veinticinco y menos de mil muertos por año; “guerra civil”, por lo menos mil muertos en combate al año, y, “conflicto armado mayor”, un acumulado de más de mil muertos en combate pero menos de mil por año[1] De acuerdo con el estudio de la Universidad de Uppsala, y, teniendo en cuenta que en nuestro país el promedio de muertes en combate por año entre 1989 y 1999 fue de cuatro mil[2], y últimamente, de 2.895[3], ¿hay o no un conflicto armado interno en Colombia? Si lo hay, ¿cómo lo calificaría usted según la escala propuesta? Si no lo hay ¿qué denominación le daría usted a las hostilidades y choques bélicos que se registran actualmente en Colombia?

RESPUESTA:

CI: Si hay conflicto armado ¿cuál es su origen y cuáles son sus causas? Si no lo hay, ¿cuáles son las causas del estado de violencia y confrontación que vive la sociedad colombiana?

R:

CI: Platón denominaba genéricamente “males de la guerra” a todos aquellas desgracias ocurridas como consecuencia de enfrentamientos armados internos o choques entre dos o más Estados. Entre ellos el pensador ateniense incluía las venganzas, los odios, las enemistades, las traiciones, los exilios, las matanzas, los incendios, los castigos a los vencidos y, en general, el asolamiento de los campos[4] Teniendo en cuenta ese concepto de Platón y lo que hoy ocurre en Colombia, ¿cuáles han sido los cinco males más devastadores de nuestra guerra durante las últimas dos décadas (1988-2008)?

R:

A partir de 2002, la etiqueta oficial que se aplica a las Farc en Colombia es la de “grupo terrorista”. Según el ex canciller Rodrigo Pardo, ese discurso “suena a George Bush y a Al Qaeda, tema que nunca ha sido parte de nuestros tratados ni de nuestra tradición jurídica ni política”, y si se sigue con ese discurso, que nada tiene que ver con “la democracia y la defensa de la paz, nos van a dejar muy solos”[5] ¿Son las Farc un grupo terrorista? ¿Por qué la comunidad latinoamericana se resiste a darles esa denominación?

R:

CI: El periodista Roberto Posada García-Peña, D’Artagnan, dice que las guerrillas forman parte de nuestra identidad como nación, que no son “un chiste y que no surgieron porque sí”[6] Si no aparecieron de manera espontánea en la geografía colombiana, ¿por qué surgieron esas guerrillas y por qué se han convertido en las más persistentes –casi eternas– del mundo?

R:

CI: En Colombia somos expertos en soslayar la realidad de las cosas y de los hechos, recurriendo a la magia del lenguaje y a utilización de trucos semánticos. Se comienza por el discurso oficial, se continúa en los medios de comunicación y se concluye, sin ningún pudor, en los círculos intelectuales y académicos. Así, por ejemplo, en todos los países del mundo, a confrontaciones bélicas como las que ocurren entre nosotros se las denomina “insurgencia”, “conflicto armado”, “revolución” o “guerra civil”. En Colombia, para evadir la responsabilidad político-social en esos choques armados, se los denomina “violencia”. De modo que, en Colombia, no hay sociólogos o politólogos de la guerra o del conflicto sino “violentólogos”. Para aterrizar en la realidad de las nociones, ¿cuál es su concepto de insurgencia y contrainsurgencia?

R:

CI: El politólogo estadounidense Marc Chernick, profesor asociado e investigador del Departamento de Gobierno y el Centro de Estudios Latinoamericanos de Georgetown University (Washington), lleva treinta años estudiando el conflicto colombiano. Con base en sus investigaciones señala que los paramilitares no tomaron las armas contra el Estado sino para defender el Estado. Agrega que, en términos analíticos y según definiciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos, “la guerrilla y los paramilitares no pueden ser fácilmente vistos como equivalentes. Las acciones de un grupo armado que lucha del lado del Estado, por vías legales o en contra de la ley, son responsabilidad del Estado mismo”[7] ¿Cuál es su concepto de los grupos paramilitares? ¿Qué relación tienen con el Estado y con los gremios económicos?

R:

CI: El gobierno inició conversaciones públicas con los grupos paramilitares a partir del 1 de diciembre de 2002. En el marco de esas conversaciones se desmovilizó la inmensa mayoría de los frentes de las Auc, y sus líderes más visibles fueron a la cárcel. De éstos, trece fueron extraditados a los Estados Unidos el 13 de mayo de 2008. Sin embargo, los medios de comunicación y las víctimas de los paramilitares, antes y después de la extradición masiva, han hablado de nuevas bandas y de frentes que trabajan para Los Mellizos y Macaco y de las “Águilas Negras” y del poder económico y militar de Don Mario[8] Asimismo, en el sur de Bolívar y en Huila, Valle y Risaralda, las “Águilas Negras” se atribuyen varios asesinatos y amenazas a dirigentes sindicales[9] Según estas denuncias e informes de los medios de comunicación, ¿se podría decir que el paramilitarismo está vivo? Si su respuesta es negativa ¿qué papel desempeñan entonces estos grupos armados?

R:

CI: Uno de los males de la guerra en Colombia se manifiesta en las masacres, cuyo epílogo son las fosas comunes. El 20 de noviembre de 2006, El Tiempo tituló en primera página: “Una fosa de los ‘paras’ aparece cada cuatro días. Van 197 en este año”. Al día siguiente, el mismo diario rotuló su editorial así: “En el país de las fosas”. Y bajo este título escribió: “El país, y en especial la Fiscalía, deben tomar conciencia sobre lo que se viene encima. Hay centenares de fosas y varios miles de restos por ubicar e identificar”. ¿Cómo se podría valorar el concepto que de la dignidad humana tienen los paramilitares en vista de las tantas fosas comunes que dejaron entre los años noventa del siglo pasado y 2006? ¿Es ésta una costumbre que hace parte de la cultura colombiana, según la cual no basta matar sino que es preciso rematar para infundir terror? ¿Cómo califica usted esa conducta?

R:

CI: El paramilitarismo infiltró todas las entidades y organismos públicos, desde el Congreso de la República hasta el último de los municipios. Esto trajo como consecuencia la crisis general de las instituciones y la ilegitimidad del Estado. Los más diversos analistas señalan que el escándalo de la “parapolítica” ha superado el sonado “proceso 8.000” de los años noventa del siglo XX: “Las instituciones políticas no habían padecido un desprestigio como el que hoy las sacude”[10] “La gravedad de los hechos saltan a la vista. Los tentáculos de la parapolítica alcanzaron los congresistas de las entrañas del uribismo: Mario Uribe, Carlos García y Nancy Patricia Gutiérrez”[11] Si el malestar es de esa magnitud, ¿cómo salir de la crisis? ¿Cómo relegitimar el Estado?

R:

CI: De acuerdo con lo que han informado los medios de comunicación, tanto antes como después de la muerte de Raúl Reyes se ha podido conocer que dentro de las Farc hay jóvenes brasileños, mexicanos, argentinos, ecuatorianos, chilenos y holandeses. También se sabe que el académico Jim Jones estuvo en el campamento de Raúl Reyes, y que pretendía convertirse en puente entre las Farc y el senador demócrata James McGovern. Asimismo se tiene conocimiento de que los pensadores James Petras (estadounidense) y Narciso Isa Conde (dominicano) lideran ideológicamente la Coordinadora Continental Bolivariana, organismo que tiene nexos con las Farc, según fuentes del Estado colombiano. Igualmente se sabe que durante el proceso de diálogo entre el gobierno Pastrana y la insurgencia, el presidente de la Bolsa de Nueva York sostuvo conversaciones con las Farc. ¿A qué atribuye usted que tanta gente, en el orden internacional, simpatice con las Farc, quiera pertenecer a ellas o aspire a tener contacto con ese movimiento insurgente?

R:

CI: A propósito de la estudiante mexicana Lucía Moret, que se hallaba en el campamento de Raúl Reyes la noche en que éste murió, y del respaldo internacional que tienen las Farc, el analista Ernesto Yamhure, dice: “Los alfiles de las Farc en el mundo siguen campeando. Dentro de Colombia están reducidos a su mínima expresión, pero por fuera la impunidad prevalece. Llegó la hora de trazar una estrategia de política exterior tendiente a lograr el desmantelamiento de las representaciones guerrilleras en ultramar”[12] ¿En verdad son tan poderosas las Farc en el mundo? Si lo son, ¿a qué se debe su encanto o el grado de fascinación que ejercen en las juventudes universitarias de Latinoamérica y Europa?

R:

CI: Es imposible desconocer la avanzada prosocialista en Latinoamérica: Cuba y Nicaragua ya son dos leyendas mientras Venezuela con Hugo Chávez, Ecuador con Rafael Correa, Bolivia con Evo Morales, Brasil con Lula da Silva, Uruguay con Tavaré Vásquez, Paraguay con Fernando Lugo, Chile con Michelle Bachelet y Argentina con Cristina de Kirchner se orientan por rumbos de izquierda. Continuando con el tema de la pregunta anterior, surgen dos interrogantes más: A) ¿Acaso se inicia un nuevo ciclo histórico en el proceso dialéctico capitalismo-socialismo, y los jóvenes latinoamericanos y europeos se hacen alguna ilusión de que Colombia camine por esa senda política prosocialista y ven en las Farc una expresión de esa tendencia? B) Conscientes de esa avanzada progresista en Latinoamérica, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, los grandes capitales internacionales y las fortunas criollas han satanizado a las Farc, les han endilgado el mote de terroristas y señalan supuestos vínculos entre esos gobiernos y la guerrilla colombiana. ¿Cuál es su percepción en relación con estos temas?

R:

CI: ¿Cuál es su apreciación del impacto del conflicto armado en lo económico? ¿Qué sectores se benefician y qué sectores sufren detrimento con él en Colombia?

R:

CI: Durante las dos últimas décadas, y especialmente a partir de 1998, ha sido notoria la influencia estadounidense en el conflicto armado. En su concepto, ¿cuál ha sido la incidencia en él del Departamento de Estado de los Estados Unidos, la Cia y los grandes capitales nacionales e internacionales, y cuál el papel del Estado colombiano como protector de esas fortunas?

R:

CI: El reportero de guerra español David Beriain, después de haber permanecido en Colombia tres meses, de haber hecho consultas en el Ministerio de Defensa, de haber hablado con analistas del conflicto armado, de haber conversado con familiares de las víctimas de los paramilitares y de haberse internado en la selva para convivir con un frente de las Farc, tuvo que abandonar el país de manera intempestiva debido a las amenazas que recibió. Antes de su salida dijo: “Lo que acaba de pasar conmigo es el ejemplo vivo de que no hay muchos puntos donde los colombianos se puedan encontrar y discutir sus diferencias de opinión sobre el conflicto que atraviesan”[13] Oído este concepto de un extranjero, ¿cómo ha incidido el conflicto armado o el estado de violencia actual en las posiciones ideológicas de las personas? ¿Por qué se ha llegado al extremo de no poder conversar del conflicto armado entre los colombianos, como lo observa el periodista español?

R:

CI: Muchos analistas, articulistas de prensa y pensadores consideran que, cuando se pagan recompensas por denunciar y dar información, se invierten los más importantes valores. ¿Qué principios, valores o paradigmas de la sociedad se han degrado, con la guerra, hasta el límite de lo incompasivo e inhumano?

R:

CI: ¿Qué encuentra usted de positivo y qué de negativo en la política de seguridad democrática de los dos gobiernos del presidente Uribe?

R:

CI: Aunque esta investigación indaga los males de la guerra entre 1988 y 2008, los orígenes del conflicto son más antiguos. Explorando los antecedentes, ¿qué opinión le merece la denominada “operación Marquetalia” de mayo de 1964? ¿Ese operativo militar obedeció a un plan estratégico del gobierno colombiano o de los Estados Unidos en el marco del denominado “Plan Laso” (sigla de su nombre en inglés: Latin American Student Organization)?[14] ¿Cómo influyó esa operación en la creación de las Farc y en la evolución que han tenido?

R:

CI: De los noventa días que el periodista español David Beriain permaneció en Colombia, diez los vivió en la selva con un frente de las Farc, experiencia de la cual dice: “Sólo vi el Bloque Magdalena Medio, pero me quedé diez días con ellos. Tienen suministros, cadena de mando, están en contacto con sus líderes y, de hecho, mientras estuve allá hubo comunicación con el Secretariado. Minan, secuestran y amenazan: lo sé. Pero no los vi derrotados”[15] De acuerdo con sus conocimientos, ¿el alto mando de las Farc ha tenido algún cambio en la ecuación guerra-política? ¿Hasta qué punto ha influido el narcotráfico en su financiación? ,¿Están las Farc derrotadas o, a pesar de haber sufrido los más duros golpes de su historia, aún tienen la estructura y los ideales para hacer viable el proyecto político-militar por el cual han luchado?

R:

CI: Marc Chernick dice que “la historia de guerra irregular en Colombia conduce inexorablemente a la siguiente conclusión: dado el déficit de presencia estatal, gastos sociales, democracia y larga historia de impunidad y violencia, no es posible una solución militar en este conflicto”[16] Si la vía armada no es la solución, ¿cuál es el procedimiento, método o camino para superar la situación crónica de conflicto que vive Colombia?

R:

CI: El mismo académico estadounidense dice que, desde cuando comenzaron los diálogos entre el gobierno Turbay y el M-19, en 1980, ante la toma que ese grupo insurgente hizo de la embajada de la República Dominicana, hasta la finalización del proceso del Caguán, en 2002, el conflicto se ha profundizado, incrementado y causado más violencia, más destrucción, más muertes y más desplazados. Y concluye que, de este modo, “todos los actores involucrados desperdiciaron enormes oportunidades reales de paz”[17] Según la apreciación de Chernick, ¿qué responsabilidad les cabría a las Farc y a los distintos gobiernos por no haber llegado a acuerdos concretos para alcanzar la paz?

R:

CI: El articulista D’Artagnan señala que los colombianos no podemos adoptar la conducta agresiva del destinatario de la carta que contiene una mala noticia. Agrega que no se puede desconocer la realidad, pues lo cierto es que aquí hay “un ejército alzado en armas contra una sociedad que, en que este punto y hora, está hasta la coronilla de uniformes de camuflados, verdades a medias y sangre y todo un abanico de sufrimientos”[18] ¿Considera que la sociedad colombiana es verdaderamente consciente de él o le ha reconocido al conflicto armado la trascendencia que éste tiene?

R:

CI: Se supone que las universidades y sus centros de investigación deben ser intérpretes de los problemas de la sociedad colombiana. ¿Sí han asumido ese reto? ¿Cuál es su percepción al respecto?

R:

CI: De acuerdo con su experiencia, sus conocimientos y su observación de la sociedad, ¿existe una intelectualidad colombiana comprometida con la solución del conflicto armado, o más bien campea la indiferencia?

R:

CI: Hoy en Colombia no hay posiciones neutrales sino un clima de polarización y radicalización. En esas condiciones, ¿se puede lograr un acuerdo de paz duradera o vamos hacia la profundización de la guerra?

R:

CI: Si usted fuera investigador de Los males de la guerra. Colombia 1988-2008, ¿qué otras preguntas formularía, y a quienes, para aproximarse a la verdad del conflicto armado que vive Colombia?

R:



[1] CHERNICK, Marc. Acuerdo posible. Solución negociada al conflicto armado colombiano. Seis décadas de violencia. Veinticinco años de proceso de paz. Bogotá, Ediciones Aurora, 2008, p. 21.

[2] RUIZ, Bert. Estados Unidos y la guerra en Colombia. Una mirada crítica. Bogotá, Intermedio, 2003, p. 146.

[3] FUNDACIÓN SEGURIDAD Y DEMOCRACIA. “Informe especial: Uribe tres años”. Disponible en: www.seguridadydemocracia.org.

[4] PLATÓN. Carta VII, 337b. Leyes, 715a ss., 646e ss. y 671d.

[5] RUEDA, María Isabel. “Diplomáticamente vamos de mal en peor, ¿en qué estamos fallando?”, en Semana. Bogotá, núm. 1355, abril 21-28 de 2008, p. 47.

[6] D’ARTAGNAN, “Un libro que hará trinar”, en El Tiempo. Bogotá, domingo 27 de abril de 2008, p. 1-29.

[7] CHERNICK. Ob. cit., p. 30.

[8] “Ex ‘para’ recién fugado estaría tras amenazas en el sur de Bolívar”, en El Tiempo. Bogotá, lunes 21 de abril de 2008, p. 1-4.

[9] “Defensores de DD. HH., bajo amenaza”, en El Tiempo. Bogotá, lunes 28 de abril de 2008, p. 1-6.

[10] GARCÍA SEGURA, Hugo y LAVERDE PALMA, Juan David. “Hecatombe”, en El Espectador. Bogotá, domingo 20 de abril de 2008, p. 2A.

[11] “Los pasos de Uribe para enfrentar el desafío de la crisis”, en El Tiempo. Bogotá, domingo 20 de abril de 2008, p. 1-4.

[12] YAMHURE, Ernesto. “Lucía la bandida”, en El Espectador. Bogotá, domingo 20 de abril de 2008, p. 17A.

[13] GUTIÉRREZ ROA, Élber. “No vi a las Farc derrotadas”, en El Espectador. Bogotá, domingo 20 de abril de 2008, p. 5A.

[14] ORTIZ SARMIENTO, Carlos Miguel. Estado y subversión en Colombia. La violencia ene. Quindío años 50. Bogotá, Cerec y Cider, 1985, p. 280.

[15] GUTIÉRREZ ROA, Élber. Ob. cit., ibíd.

[16] CHERNICK, Marc. Ob. cit., p. 53.

[17] Ibíd., p. 49.

[18] D’ARTAGNAN. Ob. cit., ibíd.

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