¿Por qué se debe investigar?
Investigar es pensar, disidir, disentir y escribir. Y se debe investigar, porque hoy todo está en crisis: el hombre, la sociedad, la familia, la educación, las ideologías, los sistemas políticos, y por supuesto, el Estado y su legitimidad. Pero la crisis de mayor hondura es la del pensamiento. A diario en el mundo ocurren tantos y tan atropellados hechos y es tan frágil nuestra memoria, que los actuales van eclipsando los últimos de una manera fugaz. Solamente los de hoy en la mañana se hallan fijados en nuestra conciencia. Los de ayer ya se borraron. Esto es demasiado grave para resolver nuestras propias y solitarias dudas, pero es más grave para quienes deben regir los destinos de una familia, de una empresa, de un Estado, de una sociedad.
A la velocidad de los hechos se agrega la de las comunicaciones. El desbocado avance tecnológico en la transmisión de la información, resultante de la combinación de la sistematización y de las telecomunicaciones, produce datos, noticias e imágenes que no son fáciles de digerir y asimilar a la inteligencia humana. Las anteriores circunstancias obligarían a crear comités, células o grupos de analistas y pensadores para controvertir y sintetizar las ideas que se aproximen a la verdad. Pero no sólo no existen estos grupos de pensadores, sino que al parecer a cada hombre y a cada mujer se le ha agotado la imaginación.
La reflexión, el examen cuidadoso, el discurrir e imaginar una idea, todo aquello que apunta a un acto u operación intelectual para satisfacer la simple inquietud personal, para realizar una tarea doméstica, o con el propósito de tomar una decisión política, presentar una propuesta a la opinión pública, o con mayor rigor a una asamblea o cuerpo deliberante, ha desaparecido de nuestros escenarios. Claro, nosotros podemos estar tranquilos porque esa no es sólo una enfermedad tropical, abunda incluso en las sociedades altamente desarrolladas y en aquellas donde fue acunado el pensamiento: Babilonia, Egipto, Grecia, Roma, China. Hay además, una muralla que frena la libre fluidez del pensamiento: los cultores se hallan dispersos, distantes y aunque compartan una misma superficie geográfica no propician encuentros, tertulias, debates y controversias, que a manera de gimnasia permitan fortalecer y jalonar la producción intelectual.
No es falta de discurso. Al contrario, éste es copioso, a veces altisonante, irrespetuoso y de fácil verborrea. Esas son virtudes de las que hacen gala muchos gobernantes y legisladores de nuestro Continente. Es una evidente ausencia de pensamiento. Todos sabemos que la naturaleza del hombre está hecha para pensar, entonces ¿a qué se debe esta crisis? Sólo mirando nuestra América, todo atenta contra el pensamiento. Los estragos de la guerra, las angustias de la pobreza, las tareas cotidianas, la congestión del tráfico y el estrés que todo esto genera. Y la desinformación masiva de los medios, a la inteligencia nos la han vuelto inútil. Por otra parte, no nos hemos aplicado al oficio y la inspiración únicamente llega con el trabajo continuo y perseverante. El desafío de pensar lo tiene toda mujer y todo hombre, desde el labriego hasta el investigador, pero la mayor responsabilidad es de quienes de algún modo realizan un trabajo intelectual. Éstos deberían hacer suyo el consejo del poeta, quien le dice al caminante, que no hay camino, que éste se hace al andar, y concluir así: pensador, no hay pensamiento, nace la idea al pensar.
Abordar la investigación tiene muchas dificultades, entre estas el tema y el grupo. ¿Por dónde comenzar? ¿y con quién hacerlo?, son dos preguntas que atemorizan. En el caso particular de esta aventura, inspirado en las estudiantes y los estudiantes, el tema lo identifiqué hace unos veinticinco años: el hombre, la sociedad y el Estado. Armar el grupo, consolidarlo y hacer escuela es tarea que apenas está comenzando. Hasta ahora somos un puñado de mujeres y hombres, profesores y alumnos -al fin y al cabo, todos somos estudiantes- que nos hemos juntado en el grupo hombre, sociedad y Estado, reconocido por Conciencias, en la categoría B. Pero como las metas son ambiciosas, y el recorrido inmenso, espero que por el camino vayan llegando más refuerzos. Es la invitación sincera que les formulo a todos, hombres y mujeres, que visiten este sitio: lean los ejes temáticos y los proyectos y anímense. ¡Los espero!
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