Bush-Kerry: alea jacta est

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El poder es una permanente conspiración de quienes lo detentan contra los pueblos del mundo. Es algo que con otras palabras nos dijo Platón hace un poco más de dos mil trescientos cincuenta años, en su diálogo Político.  "Todo esto es -dice- exactamente como un drama, ya que se nos presenta a los ojos un conjunto festivo de centauros y sátiros, que hay que separar del arte político". En esa conspiración dramática, el juego de los contendientes tiene mucho de azar, y una vez que han transcurrido los tres debates de los dos candidatos cara a cara, y a pocos días de la elección, se podría decir que la suerte está echada, desde distintos pontos de vista.

En primer lugar, para los dos implicados. Es indudable que los tres desafíos los ganó el demócrata John Kerry. El primero de manera muy amplia, de acuerdo con los sondeos de opinión. El segundo, aunque con menos ventaja para el demócrata,  lo cierto es que gran parte del tiempo estuvo dedicado a la  guerra en Irak. Con la injusta agresión de los Estados Unidos a Irak comenzó este segundo debate y con el mismo tema  concluyó, sin que Bush pudiera convencer al auditorio y a los televidentes de lo ético y justo del ataque. Y el tercer asalto, si bien en la última pregunta, relacionada con la vida familiar de los candidatos y de algún modo con el entrevistador, el presidente Bush tuvo un ligero avance, de punta a punta  lo ganó Kerry de manera sobrada. Hubo una nota predominante en los tres debates: el senador Kerry tiene más dominio de las cifras, mientras  el presidente Bush está demasiado libreteado y cualquier dato imprevisto lo deja fuera de lugar y su rostro comienza a dar señales de inseguridad.

En segundo lugar, la suerte está echada para todos los componentes del pueblo estadounidense. Como una cosa es ganar los debates en televisión y otra bien distinta vencer en las votaciones, para los adeptos y simpatizantes de los dos candidatos, mucho depende de la suerte. Los grandes consorcios, las transnacionales, los ricos y todos aquellos que tienen un ingreso de más de 200.000 dólares  al año, tienen sus esperanzas puestas en Bush. Mientras en Kerry apoyan su ilusión  la gente cuyo ingreso es inferior a esta suma,  los trabajadores de salario mínimo, al que el demócrata piensa aumentar de cinco a siete dólares la hora,  nueve millones de mujeres, los latinos, las negritudes, los desempleados. Sobre estos sectores vuelca su atención Kerry y por eso hace énfasis en las cifras sobre educación y costos de la salud, mientras ataca la devolución de impuestos a los ricos.

En tercer lugar, la suerte está echada para el pueblo iraquí. Todos tenemos en nuestra memoria, todavía frescos, los hongos de fuego causados por las bombas, y los escombros de la milenaria ciudad de Bagdad, y aunque Kerry no ha dicho que va a retirar la tropa estadounidense de Irak, es posible que tenga un trato más benigno, mientras que el presidente Bush continuará su política de exterminio de los disidentes. Pero en el campo de la guerra y de la intervención de los Estados Unidos, también la suerte está echada para el resto del mundo: Latinoamérica incluida.

Es verdad, que por la arrogancia y la falta de seriedad con que el presidente Bush ha actuado frente a los grandes problemas del mundo se ha ganado la antipatía en muchas partes del planeta. Sin embargo, para los pueblos de los cinco continentes, con cualquiera de los dos que gane, será igual. Varios indicios así  lo confirman. La política externa de los Estados Unidos siempre ha sido la misma. Desde su fundación como Estado, siempre se consideró imperio. Por eso Kennedy, en 1960, dijo: "Hoy en día nuestras fronteras se  encuentran en todos los continentes".  Por otra parte, tanto el presidente Bush como el senador Kerry, provienen de la más excluyente aristocracia estadounidense.

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