El régimen militar de Turbay
El título de esta nota no tiene ninguna originalidad, pero el ex presidente del Estatuto de Seguridad, nos ha puesto a mirar de nuevo las cadenas, las imágenes y las sombras de las cavernas del poder -en sus más diversas expresiones-, que de manera magistral caracteriza Platón en el libro VII de la República. Quien primero calificó de esa manera al cuatrienio del hoy artífice de Patria Nueva fue el ex canciller Alfredo Vásquez Carrizosa, a mediados de 1979 ante más de mil personas congregadas en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, provenientes de todas las regiones del país y quienes ratificaron con un prolongado aplauso el acierto del orador.
Posteriormente, el 8 de noviembre del mismo año, en declaraciones al El Espectador, le dio la misma denominación el maestro Darío Echandía. Y para no falsear al pensador de Chaparral, aquí está su texto: "El país está constitucionalmente bajo la ley marcial y se dice que se aplica el ‘derecho de gentes' que es el derecho de la guerra...ja...ja...ja...a eso le llaman democracia. Hoy hay es un gobierno militar oficialmente. Sí...el dictador es el general Camacho Leiva. Si no, que digan qué pasa si el presidente no le firma un decreto. Lo que pasa es que a los militares no les gusta dictar decretos. No les gusta aparecer firmando. Ellos lo que buscan es un firmón".
A pesar de este título, quizá el más apropiado, los periódicos y las revistas de la época dan cuenta de muchos otros que podrían sintetizar el cuatrienio de Turbay: 1978-1982. Estos son algunos de los titulares de columnas, editoriales y notas de prensa de entonces: el gobierno del periplo más largo, el gobierno que conquistó a Europa, el gobierno en el cual sólo se torturó al 10% de los presos políticos, el gobierno de la burocracia feliz, el gobierno de la publicidad parlamentaria pagada, el gobierno de la siesta burocrática, el gobierno de los incapaces y deshonestos, la bolsa de empleos, el gobierno de la lombriz solitaria, el gobierno de las plazas vacías y las manos llenas, el gobierno de la Constitución más operativa, el gobierno que redujo la corrupción a sus justas proporciones.
Habiendo degenerado el ejercicio de hacer política en Colombia, a la simple politiquería, al burocratismo, a la maniobra, al manzanillismo, Turbay Ayala representa lo más auténtico de esa praxis política. En nuestro país, quienes tengan hoy treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta o setenta años, recuerdan que cuando ellos estaban en su más tierna infancia, Turbay Ayala ya estaba en el centro de la política. Claro, todos afirman que nunca conocieron a Turbay, como se suele conocer a los demás políticos, de manera especial a los líderes liberales: pronunciando encendidos discursos, dictando conferencias, polemizando con el gobierno de turno, haciendo demagogia en los sindicatos y las universidades. No. Así no recuerdan a Turbay, sino como fue hace setenta años, como fue hace cincuenta, como fue hace treinta, hace quince, como pretende reafirmarlo ahora.
En suma como es Julio Cesar Turbay Ayala: dando puestos, becas, contratos, auxilios, recomendaciones, mercados, almuerzos, repartiendo petacas de cerveza y pidiendo votos. Votos para salir elegido a los cuerpos colegiados, para ser presidente de las corporaciones, para ser designado, para ser embajador, para presidir delegaciones, aunque sea para aprobar un saludo de aplauso al gobierno de turno, porque con éste se consigue un cargo más. Por eso, uno de sus más fieles discípulos, el político huilense Guillermo Plazas, dijo en su momento de su maestro de la politiquería: "Creo que este gobierno es la máxima prueba de prestigio de la clase política, ya que su titular, el doctor Turbay, es la quinta esencia del político y su gabinete está integrado casi totalmente por políticos". Presento excusas por no decir nada en esta nota: es un homenaje a la obra del ex presidente Turbay.
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