Estados de excepción y amistad según Londoño
Los estados de excepción son mecanismos jurídico-políticos que todos los regímenes democráticos consagran para restablecer el orden público cuando la gravedad de los hechos así lo amerite. Tienen un lapso breve, y la medida como su nombre lo indica es excepcional. En Colombia una de esas herramientas es la Conmoción interior (art. 213 Const. Pol.), que el Gobierno acaba de decretar y cuyo debate apenas comienza. Esta nota no se refiere a la decisión recién tomada, sino a las declaraciones concedidas por el ministro Fernando Londoño a El Espectador (11-08-02), en las que, como siempre, estuvo fluido, arrogante y amenazador. No lo hizo como simple superministro sino como jefe supremo de todas las ramas y órganos del poder público.
A Londoño Hoyos, la Conmoción interior le parece un instrumento insuficiente y por eso es partidario de un estado de sitio permanente, pero sin ese nombre para no asustar a la gente. No será la excepción sino la regla; no por noventa días sino de manera indefinida, y conculcará derechos fundamentales al mejor estilo del Estatuto de Seguridad de los años setenta y ochenta.
La amistad, es quizá la virtud más popular, la que más se pronuncia a diario por todos los seres humanos. ¿Quién no ha tenido un amigo? ¿Quién no dice tener un amigo? ¿Quién no ha recibido la ayuda o el abandono de un amigo? Hay veces que se abusa de la palabra amistad, a quien creemos que es un amigo, es tan sólo un conocido, alguien relacionado, un compañero de trabajo, un colega de profesión. La amistad necesita dos factores, tiempo y trato. Es imposible conocerse unos a otros y aceptarse mutuamente, sin que cada uno se haya mostrado al otro amable y digno de confianza. La vida cotidiana nos coloca como testigos de variadísimas y disímiles amistades. Las fábulas han enriquecido la literatura con las múltiples amistades de los animales que les enseñan a los hombres el valor de la verdadera, limpia y pura amistad. La narrativa, el cine y los dramatizados de televisión ponen de presente ese tipo de afecto.
En la vida pública, es más escasa la amistad pura. Sin embargo, en la concepción, la interpretación y la dirección del Estado también han existido verdaderas amistades de hombres que dedicaron su vida al servicio del interés general. Muchas parejas de amigos desvirtúan por completo el determinismo egoísta en la praxis política. Jefferson-Madison y Marx-Engels, son excelentes ejemplos. Los primeros tuvieron una amistad de medio siglo y dieron nacimiento al poderoso Imperio. No menos intensa y verdadera fue la amistad que unió a Carlos Marx con Federico Engels, de un poco más de cuarenta años, para consolidar una teoría política: el llamado por ellos mismos, socialismo científico.
Ese concepto antropológico de la amistad: el hombre en la miseria o en la opulencia, en el dolor o en la alegría, pero junto a otro, según el ministro Fernando Londoño, debe desaparecer. La Constitución Política que él proyecta, debe definir que los ciudadanos no pueden tener amigos malos o delincuentes. Ahora pues, habrá el delito de amistad. Ser amigo de alguien que está en la cárcel, producirá cárcel.
Los propósitos de Londoño Hoyos, se encaminan a desaparecer -ese fue el verbo utilizado- la Comisión Nacional de Televisión, el Consejo Superior de la Judicatura, la Corporación del Río Magdalena. Así lo hará, porque dijo tener un Congreso de mayoría sólidas y claras, fiel a los principios básicos de la reforma política, sin puestos, sin tráfico de influencias, sin corruptelas, sin auxilios, sin negociar el voto, trabajando en sistemas de bancadas; un Congreso dispuesto a hacer las leyes, y si no las hace habrá revocatoria. Habló como jefe de personal omnímodo y como carcelero: al funcionario que entregue auxilios a los congresistas, primero lo destituirá y luego lo meterá a la cárcel. Y con la generosidad del emperador benigno, dictó otra sentencia: la Corte Constitucional no será revocada, pero sí recortadas sus atribuciones.
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