Pastrana-Farc, ¿ingenuidad?

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Pocas veces un político colombiano -o  mundial: la esencia de la praxis política es mentir- dice tantas verdades juntas. Después de todo el estropajo que el presidente Uribe les ha restregado en el propio rostro a todos sus antecesores, es el único ex presidente que ha hecho valer su dignidad y con ésta habló. Durante toda una semana el reportaje concedido por el ex presidente Andrés Pastrana a El Espectar, fue el plato fuerte de políticos y medios de comunicación. Pero pareciera que Pastrana sólo hubiera hablado de la reelección inmediata del presidente Uribe, pues ese fue el foco de atención de los contendientes del ex mandatario. Sólo el jefe de Estado, ante la tropa, en el aniversario 181 de la Armada Nacional, hizo referencia sin mencionar a Pastrana, a los coqueteos, sonrisas y abrazos con las Farc.

Sin embargo, el tema grueso a examinar en el reportaje de Pastrana, es el conflicto y la audacia con que él se jugó, en los días previos a la elección y una vez obtuvo el favor del pueblo. El día que se escriba la Historia de Colombia sin el apasionamiento de la venganza y sin el odio por el otro, entonces sus páginas reconocerán que hasta 1998, ningún Presidente  hizo tanto por acabar con el conflicto armado. Es claro que en San Vicente del Caguán sólo hubo negociación para acordar la liberación de 360 militares y policía retenidos por las Farc en operaciones de guerra. Lo demás fue muñequeo político-militar entre las dos partes, a la mejor manera que ha muñequeado la humanidad en los asuntos de la guerra desde que el mundo es mundo.

Pero, ¿de quién fue la ingenuidad?  De Pastrana, del establecimiento y de las Farc. Pastrana fue ingenuo al pensar que con un reloj de campaña, con un abrazo a Manuel Marulanda, con unas fotos, con la supuesta afinidad o empatía  -"química" dicen los entendidos en relaciones interpersonales-  y con una noche en sus propios campamentos era suficiente para acabar con el conflicto. El más ingenuo fue el sistema que rige los destinos de Colombia desde su independencia, al confiar en que Pastrana lograría el milagro. Por eso lo apoyó. Iluso fue el régimen al creer que un ejército insurgente de cuarenta años de lucha, sin una baja ni una captura en  la cúpula de su estructura, fuera a entregar las armas a cambio de nada. Ingenuas también fueron las Farc al pensar que el establecimiento sí tenía el propósito de negociar la agenda que ellas proponían; ilusas si creyeron que el régimen iba tolerar el muñequeo de guerra, que ese ejército irregular jamás dejó de ejercer.

Esa triple ingenuidad, le arrancó a Marulanda esta pregunta: ¿Qué es lo negociable para el Estado? Lo hizo el 20 de noviembre de 2001, en carta dirigida a las tres ramas del poder público, al Consejo Gremial y a la Conferencia Episcopal. La cuestión recobra vigencia con el reportaje a Pastrana, pues la periodista lo indaga, si se vería de nuevo con Marulanda para buscar la paz? Y con la duda que mata, el expresidente responde: "La pregunta es: ¿Marulanda volvería a reunirse conmigo para buscar la paz?" La respuesta al interrogante de Pastrana, se la dio a Yamid Amat para El Tiempo (julio 25), y a William Parra para Cambio (No.578), ‘Raúl Reyes', segundo al mando de las Farc: sí dialogarán, si se desmilitarizan los departamentos de Caquetá y Putumayo.

El escepticismo de Pastrana, las exigencias de las Farc y los pocos resultados del Plan Patriota, son elementos de juicio para que el establecimiento piense seriamente, mientras se gasta hasta el último centavo en la guerra. Actuarían con sensatez el Ejecutivo, los gremios económicos y la Iglesia, si se pusieran de acuerdo en qué van a ceder de sus poderosos intereses, el día en que las Farc sean derrotadas militarmente y vuelvan otra vez a la mesa de negociaciones. Entonces, será la hora de responderle la pregunta a Marulanda.

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