Serpa, ¿por tercera vez?
Un confidencial de Semana (No. 1.155) dice que Horacio Serpa ya tomó la decisión de retirarse del cargo de embajador ante la OEA, y que está estudiando cuál es el momento más propicio para regresar al país y asumir la conducción de su colectividad: el Liberalismo Oficialista. Y Cambio (No. 574) es más audaz en el encabezamiento de una nota de dos páginas: "Serpa empaca maletas". Pero el propio ex candidato presidencial dice que no ha renunciado y que no tiene afán de hacerlo. Lo cierto es que, Serpa, aún de embajador ante la OEA, no ha sido ajeno a la suerte del país, pues constantemente lo vemos en distintos eventos sociales, académicos, intelectuales o de política continental.
¿Qué piensa hacer Serpa? Ninguna de las dos revistas dice si Serpa piensa lanzar su candidatura presidencial por tercera vez, pero hay varios indicios que apuntan en ese sentido. Por una parte, son muchos los dirigentes liberales, sociales e independientes que pública o privadamente le han pedido a Serpa que asuma esa responsabilidad. Por otra parte, la encuesta promovida por Semana (No.1.153), ubica en segundo lugar al líder socialdemócrata, después del presidente Uribe, en las preferencias electorales para el 2006: 71% Uribe, 7% Serpa. Aunque la DNL podría apoyar a Gómez Méndez, a Piedad Córdoba, a Rodrigo Rivera o Juan Manuel Santos, sabe que la mejor carta, de manera indiscutible, es Serpa. Finalmente fue el mismo embajador ante la OEA quien le dijo a Yamid Amat, que quería ser presidente.
Según todos esos indicadores, Serpa será candidato por tercera vez, y ojalá presidente. Sin embargo, antes que un presidente y antes que un candidato, lo que las masas liberales, conservadoras, socialdemócratas, independientes, sin partido, el pueblo simple -el raspachín-, el tantas veces excluido, humillado y desplazado, aquel que aún no ha caído por las balas, pero que se halla sumido en la depresión y la desesperanza, lo que necesita es una voz, un guía, una enseña, una chispa de fuego que le toque sus carnes y las fibras de sus sentimientos e ideales y lo haga sentir que pertenece a la especie humana. Mucho hicieron Luis Eduardo y Angelino Garzón, Piedad Córdoba y los dirigentes sindicales y sociales para contener la arremetida del presidente Uribe en el pasado referendo. ¿Está dispuesto Serpa a jugar ese papel que la historia le señala? Eso es lo que muchos esperamos.
Es Horacio Serpa, hechura de la sangre y de los huesos de las canteras campesinas y obreras, y de los sectores medios del heroico pueblo santandereano, y está en el centro de su madurez biológica y política. ¿Le va a responder a la gente de la que heredó sus genes, o va a danzar entre dos fuegos, en medio del polarizado incendio en que el presidente Uribe convirtió este país? Serpa tiene con qué jugarse, hace falta saber si quiere jugarse a fondo. En la culminación de su carrera política, la cuesta ha sido bien empinada para Serpa, pues le ha tocado afrontar un país radicalmente dividido. En 1998, por el poder corruptor del narcotráfico, que infiltró todos los sectores de la sociedad y del Estado, hasta el punto de decidir la elección del presidente Ernesto Samper. Y en el 2002, por la interpretación que al conflicto social y la disidencia armada le dieron las elites del establecimiento.
Sin embargo, las polarizaciones de 1998 y de 2002 fueron un juego de niños, frente a lo que hoy es, y lo que será la lucha por el poder en el 2006. Será una lucha a sangre y fuego, donde aquella correrá y éste arderá por cuenta de quien ostenta el poder. Serpa y los colombianos que lo quieran acompañar, tienen que tomar en serio, aunque sea por una vez, lo que tantas veces ha dicho el presidente Uribe: no entregará el poder a unas "manos blanditas". Y el único que las tiene duras como su alma -que es de acero-, es él: Uribe. Así que, Serpa debe jugarse con todo y con todos, si pretende que la democracia superviva.
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