La lucha por el poder
El poder es la capacidad de maniobra que tiene una persona, un grupo social o un Estado para producir efectos sobre el medio ambiente, frente a otra persona, otro grupo social u otro Estado. Es decir, las relaciones de poder pueden darse tanto entre individuos, como entre organizaciones sociales, sociedades y Estados. No se trata del simple predominio o de la mera fuerza de un hombre, grupo social o Estado en relación con la naturaleza, con otro hombre, con otro grupo social o con otro Estado, sino que entre quien ostenta el poder y aquel sobre el cual se ejerce hay un objeto, un propósito, una finalidad. En consecuencia, el dueño del poder, dependiendo del escenario donde lo ejerza, tiene la posibilidad de lograr una amplia gama de efectos: desde cortar un árbol, exigir un oficio material, hasta cambiar la conducta de los hombres y el rumbo de la historia.
La lucha por el poder tiene como punto de partida las grandes motivaciones del ser humano. Observando la historia y viendo cuanto ocurre en el mundo actual, se puede concluir que al ser humano lo motiva, con mayor o menor intensidad, alguna de estas cosas: la riqueza, el poder, el amor, la ciencia, el arte y, en un segmento muy pequeño de la población, lo religioso o místico. Y cuando una de las cinco grandes motivaciones distintas al poder se materializa o se hace realidad en cabeza de una persona determinada, a su vez se convierte en factores de poder. Entonces frente a la motivación de la riqueza, encontramos el poder de un magnate, de un monopolio económico, el poder de una transnacional. De la misma manera, se puede hablar del poder de un amante, de un científico, de un artista o de un líder religioso. Pero la más pasional y la más ciega de esas seis grandes motivaciones, es la del poder político: mandar y ser obedecido.
Hay muchos factores de poder, pero se pueden identificar fácilmente tres: la fuerza física, la influencia y la autoridad. La primera incluye la fuerza bruta, la represión y la opresión, así como sanción o retribución material, como la distribución de bienes o el retiro de los mismos. En épocas de guerra, como la que hoy vive Colombia, un grano de arroz o una pasta de aspirina se convierten en factor decisivo de poder. El segundo factor de poder es la influencia o maniobra, que incluye la capacidad de manipulación de las condiciones y de los instrumentos que rodean las personas o los grupos sociales, para que se conduzcan o comporten, como lo desea quien controla el poder. El poder ejercido a través de la publicidad, de la propaganda política, de las encuestas de popularidad, de las noticias periodísticas, hacen parte de esta segunda manifestación del poder. El tercer factor de poder, la autoridad, tiene su soporte en una norma legal: en la elección o el nombramiento. Quien le da el sustento a este factor de poder es la ley. Esta expresión de poder tiene un principio de legitimidad, aunque no siempre las elecciones o los nombramientos son legítimos.
La mayor desgracia de los hombres, de los grupos sociales, de los pueblos y de la sociedad en general, deviene cuando tienen que resistir a un hombre, a una burocracia o a un grupo social o político que concentra en sus manos todos los factores de poder. Generalmente quien ha alcanzado el tercer factor de poder aquí mencionado, es decir la autoridad, no solo abusa de ésta, sino que ejerce sin pudor ni medida los otros dos: la fuerza y la manipulación. La presión que recibieron los miembros de la Comisión Primera de la Cámara, demostró cómo se manejan todos los factores de poder, para aferrarse a él. No hay necesidad de recurrir a los grandes teóricos del poder -Platón, Maquiavelo, Russell, Weber, Parsons-, ni a los más conspicuos manipuladores del mismo -Darío, Nerón, Constantino, Justiniano, Churchill, Hitler, Stalin-. Aquí y ahora está la mejor escuela del mundo.
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