Tras de ladrones bufones

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Si se hace un poco de memoria, se entiende  mejor la comedia que se pretende montar sobre supuestas  presiones, para impedir que el Congreso apruebe la reelección inmediata del presidente Uribe. Es la utilización de prueba diabólica, que tan buenos resultados le ha dado a este Gobierno. Fernando Londoño Hoyos, durante todo el tiempo en que se desempeñó como ministro, hizo declaraciones abiertamente contrarias al sentido común, a las reglas de las buenas costumbres y en ocasiones desconociendo la propia Constitución o la ley. Y la opinión pública siempre atribuyó esas declaraciones a la fogosidad camorrista del fluido abogado, y no a orientaciones del jefe de Estado.

Todos sabemos que en la campaña por el referendo el presidente Uribe se aplicó a fondo, y aún así  perdió esa consulta. Entonces enmudeció el palenque -como en la canción de los galleros- de la Casa de Nariño. Durante cuarenta y ocho horas tuvimos la sensación de que en Colombia no había rama  Ejecutiva del poder público. Sólo a los dos días apareció el ministro Londoño diciendo que aun no se había perdido el referendo, pues se debía modificar la base del censo electoral para efectuar el escrutinio. Y como era un exabrupto legal, el punto de vista del ministro cayó muy mal entre juristas y conocedores del tema. Y la opinión pública general, con todo lo suspicaz que es, no alcanzó a pensar que se trataba de instrucciones expresas del presidente Uribe. Sólo semanas más tarde la conducta quedó al descubierto. El presidente Uribe le pidió al ex presidente Samper ejercer su influencia ante el Consejo Nacional Electoral, para escamotear los resultados de la votación. Y luego el propio jefe de Estado visitó el organismo, con el mismo propósito.

Ahora, la politiquería oficial es extrema, hasta el punto de que cuarenta y un senadores tienen que declararse impedidos para votar el proyecto de reelección, debido a que el presidente Uribe les ha nombrado sus parientes cercanos en la alta burocracia interna o diplomática.  Hay un mercadeo voto a voto para lograr las mayorías, y la mesa de negocios está en la propia Casa de Nariño. ¡Y qué coincidencia! Después de una visita a Palacio, para una de esas gestiones de fina politiquería, dos ejemplares "pura sangre"  alegan indebidas presiones para votar en contra de la reelección. ¿Quiénes están presionando a los impolutos congresistas del régimen para que voten negativamente la reelección? Han acusado a la Registradora Nacional  y al Contralor General de la República.

Los funcionarios señalados rechazan de manera categórica  la acusación. El contralor Hernández Gamarra maneja la hipótesis del regateo para valorizar el voto, y la explica así: "Algunas de las personas que hacen ofrecimiento de su voto por favores, podrían valorizarlo si muestran que están teniendo presiones, por supuesto falsas, y de esa manera ganarse favores y tener aspiraciones mayores". (El Tiempo, 30-05-04). Sobre el bajo precio del voto  Piedad Córdoba dice: "La cosa está tan mal que hay congresistas que se regalan por una portería". (El Espectador, 30-05-04). Por su parte, el presidente de la DNL, Camilo Sánchez, dice que él es decente, que no tiene con qué comprar votos, que el poder lo tiene el Gobierno. "Esa sí es una presión indebida", agrega.

En el caso de las presiones indebidas para votar negativamente la reelección, ocurre como con la facturación de politiquero, que se hace a todo aquel no esté incondicionalmente de acuerdo con el Gobierno. Y en ambos casos, con suma habilidad se hace el traslado de la carga de la prueba  a los contendientes o víctimas: para desconceptuar al otro se utiliza la prueba diabólica. ¿Cómo podrán quitarse de encima el horrible mote de politiquero? ¿Cómo podrá probar que no hace indebida presión para votar en contra de la reelección? Imposible: así es la prueba diabólica.

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