Paramilitares sin Castaño
No tenga el rostro lloroso ni la voz compungida como algunos políticos y dirigentes gremiales, pero deploro la desaparición de Carlos Castaño: segar una vida es lamentable y hacerlo para ocultar la verdad, es duplicar el crimen. En la página 39 de su libro Mi confesión, Castaño dice que todo lo que va contar es verdad, pero que no dirá toda la verdad, porque de hacerlo le causaría mucho daño al país.Y en la página 237 del mismo libro señala que muchas de sus actuaciones las hizo de acuerdo con el "Grupo de los Seis". Y en una crónica le dijo a El Tiempo, el hoy prófugo o extinto paramilitar: "¡Por fin vamos a dejar de ser la amante y pasar a ser la esposa! Esa sociedad nos devuelve a su seno, porque de ahí salimos". ¿Castaño desapareció con los nombres de sus amantes y con los del terrorífico "Grupo de los Seis"? ¿Son los mismos? Como hacer justicia es más que aparentarlo, en los días de la "verdad, justicia y reparación", el Gobierno tiene un reto.
A partir del 16 de abril, fecha en la que Carlos Castaño desapareció, la trama es indescifrable. Ha hablado el Gobierno, el embajador de Estados Unidos, algunos de sus compañeros de matanzas y los presuntos autores del atentado. El primero en exigir la verdad fue el vicepresidente Francisco Santos, quien conminó a los paramilitares para que entregaran a Castaño "vivo o muerto", para poder continuar con la "negociación". El señor William B. Wood, jefe de la Misión estadounidense en Bogotá, en principio dijo no conocer de la vida de Castaño. "Sólo sabemos que es sucia", agregó. Y en un reportaje concedido a Semana, fue más allá: "Con las declaraciones dudosas de Don Berna y del señor Mancuso se puede ver que están perdiendo su disfraz. Se destapó su carácter esencial de narcoterroristas".
"Rodrigo Franco", ex jefe paramilitar del Bloque Metro le dijo a Semana, que "Don Berna" dio la orden de ejecutar a Castaño. Y con relación al proceso de "negociación", el mismo "Franco" agregó: "Los narcos de las AUC no tienen ningún inconveniente en concentrar una gran masa de desempleados armados y uniformados, con tal de que el Estado les dé tiempo a ellos para seguir corrompiendo las ya muy permeadas instituciones colombianas y para seguir dirigiendo desde sus haciendas las exportaciones de narcóticos". Un paramilitar que pidió reserva de su nombre, le dijo a Cambio (No. 565) que la decisión de asesinar a Carlos Castaño la tomaron cinco días antes de los hechos, en la finca La 15, Vicente Castaño, Mancuso, "Don Berna" y otro hombre apodado "Gordo Lindo", a quienes calificó como "más tenebrosos que Pablo Escobar. Lo sé porque estoy en las entrañas del monstruo".
Finalmente, los antiguos lugartenientes de quien dijo, en Mi confesión, cómo asesinó una a una, todas sus víctimas, señalan que Castaño hizo un montaje para desaparecer del escenario público y entregarse a la justicia de los Estados Unidos. Este punto de vista fue ratificado por el jefe paramilitar "Adolfo Paz", en reciente entrevista con El Tiempo. "¡Yo quiero ver la sorpresa que se va a llevar el país cuando Carlos aparezca. Ese hombre es de una sagacidad...!"
Con los diez jefes paramilitares herederos de Castaño, el Gobierno ha reiniciado el denominado proceso de "negociación". En éste, el país no tiene sino interrogantes y ninguna luz sobre la verdad. Si no son sus penas, ¿qué será lo que el Estado va negociar con los paramilitares? Si asesinaron a Castaño ¿quién le dirá la verdad a la sociedad colombiana? ¿Castaño le confió a alguien su verdad? ¿A su mujer o a algún lugarteniente? ¿Las autoridades van averiguar esa verdad? O por el contrario, ¿van ocultarla para enmascarar aún más, la maldita "Banda de los Seis", de la que Castaño recibió instrucciones y financiación?
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