¿Se perdió la capacidad de asombro?
Lynndie England, ¿qué te pasó? ¿Cómo es posible que una tierna criatura de veintiún años, y además mujer, haya caído tan bajo? Según los testimonios de sus padres y amigos, Lynndie no tenía los arrestos físicos y espirituales para dispararle a un venado, mucho menos la voluntad para herir a uno de sus semejantes, porque "no había un solo músculo en esa mujer capaz de hacerle daño a un ser humano. Cuando vi las imágenes en la televisión, perdí el habla" dice Kerry Shoemaker, su amigo. Es conmovedor, pero la guerra todo lo destruye, anarquiza, tergiversa y ejecuta todos los verbos de la maldad juntos. De por sí, el feroz ataque que Estados Unidos lanzó contra Irak, es la agresión más humillante, cruel y cínica que imperio alguno haya realizado en la historia de la guerra.
Los hongos de fuego causados por las bombas, y los escombros de la milenaria ciudad de Bagdad que aun permanecen frescos en nuestra memoria, no sólo produjeron terror y cambiaron la geopolítica mundial. Las palabras que todas las lenguas y todas las culturas aceptan como símbolos para representar acciones, hechos y conductas cambiaron de significado, o al menos fueron tergiversadas. Según Bush, aquel acto demencial fue una "guerra preventiva". ¿Prevención de qué? Más de un año después de haber declarado la victoria, los invasores no han podido mostrarle al mundo las anunciadas armas de destrucción masiva que poseía Hussen. Y no las podrán presentar jamás, porque nunca existieron, ni siquiera en la inteligencia perversa de los atacantes ilegítimos. En ésta tan sólo existió la maniobra, la falacia para tramar a la opinión pública del mundo.
La sociedad ha conocido horrores internacionales y locales derivados de la guerra: los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial y la motosierra de Trujillo, Valle del Cauca, son ejemplos que atormentarán la memoria colectiva de los pueblos. Muchos relatos, películas y testimonios que cuentan la locura nazi hemos leído, visto y escuchado. Entre los millones de folios que se han escrito, hay un documento muy conocido y respetado en el mundo académico, por la ponderación de su autor. Se trata de El hombre en busca de sentido del médica psiquiatra Viktor E. Frankl, quien logró supervivir a las torturas en los campos de concentración, y ayudó a soportar los vejámenes a otros presos. Sus padres, su hermano y su mujer murieron en esos antros de sufrimiento o fueron enviados a las cámaras de gas. Pero él -Frankl-, resistió el hambre, la sed, el frío, la humillación y la sorda cólera por la impotencia para responder las tropelías de los esbirros del régimen asesino.
Pero ni los relatos, ni las películas, ni siquiera el propio testimonio de Frankl, en el amplio concierto de las torturas del nazismo, presentan una modalidad semejante a los vejámenes propinados al pueblo iraquí. Además de la propia vida y la dignidad de seres humanos, los iraquíes han visto pisoteados y humillados sus valores culturales. Los torturadores han forzado su creatividad para causar el dolor extremo en la dignidad humana y cultural de sus víctimas, y para algunos episodios han escogido a una mujer, para los árabes símbolo del recato, de reserva filial y de secreto afectivo.
¿Qué sigue ahora? Ya Bush dijo que Rumsfeld ha realizado un "trabajo magnífico en la guerra contra el terrorismo". Sólo hace falta que Bush sea reelegido, porque al parecer, la humanidad ha perdido su capacidad de asombro, de sindéresis, de lógica elemental, de vergüenza y de sentido común. Si estos valores estuviesen presentes en la conciencia de las naciones, un gran movimiento se estaría gestando en el mundo para detener y desarmar a los terroristas de Estado incrustados en el corazón del Imperio y a todos sus auxiliadores y cómplices, que aquí allá se solazan con la sangre de sus víctimas.
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